La sevicia que el cuatroteísmo ha descargado contra la gobernadora del estado de Chihuahua, Maru Campos, y las últimas iniciativas legislativas promovidas por el partido oficial, demuestran la radicalización autoritaria del régimen frente al derrumbe de su legitimidad.
La persecución a la titular del Poder Ejecutivo de un Estado libre y soberano, surgida de las filas de la oposición, contrasta escandalosamente con el trato aterciopelado y la protección otorgada al gobernador Rocha Moya de Sinaloa; personaje clave en la secta morenista y en el entramado de la narcopolítica que hace del país un infierno de violencia y muerte.
A Maru, sin pruebas, la acusan de traidora a la patria, supuestamente por haber “permitido” la presencia de agentes de la CIA en un operativo que desmanteló un laboratorio de drogas en la Sierra Tarahumara. No es posible desentrañar en pocas líneas este nebuloso episodio; hay muchas incongruencias en las distintas versiones conocidas.
Me detengo en una. En esa acción, según lo han informado voceros del Ejército Nacional, hubo presencia de fuerzas federales, como es normal en tareas semejantes realizada en distintas zonas del territorio patrio. En todas ellas, se dice, se han respetado las reglas de coordinación con EU, sin daño a la soberanía nacional.
La verdad saldrá a la luz, no durante el régimen morenista que utiliza la mentira como sustento de legitimación. El odio se predica diario desde los púlpitos del poder y en estos días se ceba en la gobernadora que no forma parte de la pandilla paraestatal narcoterrorista.
En paralelo, al de Sinaloa, coterráneo e interlocutor de los capos de su tierra —según declaró al periodista Loret de Mola— ahora recluidos en celdas norteamericanas y testigos colaboradores en la ofensiva anti narcoterrorista desatada por la administración Trump, se le otorga la presunción de inocencia y es exaltado como mártir del imperialismo.
El pasado 16 de mayo, los chihuahuenses demostraron que no toleran el hostigamiento centralista contra Maru. Estruendoso ridículo hicieron los dirigentes del partidazo; se les volteó el chirrión por el palito al convocar una manifestación contra la gobernadora. Fracasaron, huyeron con el rabo entre las patas rumiando hiel y venganza. Ahora descargan todo el peso de la maquinaria del estado-partido narcotizado contra Maru.
La historia de México demuestra que los ataques centralistas contra los chihuahuenses generan conflictos en los que el supremo poder sale derrotado. El chilanguismo no comprende el orgullo en la cultura cívica de los que llaman “bárbaros del norte”.
En esa tierra han surgido verdaderos héroes cívicos: entre otros, Manuel Gómez Morín, Luis H. Álvarez, Pancho Barrio. Cuando el autoritarismo centralista agrede a los norteños, sus mujeres y hombres se rebelan, encaran a la soberbia del poder.
La 4T agrede la autoestima y dignidad de las y los chihuahuenses. Está configurándose una batalla cívico-política que despertará y movilizará fuerzas libertarias y democráticas en todo México. La causa de Maru es una señal hacia el horizonte de una nueva República Federal Mexicana; limpia, justa y libre. Chihuahua, una vez más, en la avanzada.
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