Este artículo está escrito para ti. Para ti, que puedes leer y entender algo muy importante: tienes derechos, y el sistema de justicia tiene la obligación de protegerlos. Estamos cerca del 30 de abril, Día de la Niña y el Niño, y quiero contarte cómo lo hacemos desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que es el tribunal más importante de México.
Primero, una pregunta. ¿Sabías que existe una regla especial para protegerte a ti y a todas las niñas, niños y adolescentes del país? Se llama interés superior de la niñez y significa esto: cuando los jueces y juezas toman una decisión que puede afectarte, lo primero que deben preguntarse es qué es mejor para ti. No qué quieren las personas adultas que te rodean. No qué dice el papeleo. Qué es mejor para ti. Tres casos que resolvimos recientemente muestran cómo funciona esto en la práctica.
El primer caso involucraba a dos niñas que estaban recibiendo atención psicológica, es decir, apoyo profesional para su salud mental. El problema era que las personas adultas a su cargo estaban tomando decisiones sobre ese tratamiento pensando más en sus propios intereses que en el bienestar de ellas.
¿Es eso correcto? No. La Corte concluyó que la salud mental de una niña o un niño no puede decidirse pensando en lo que le conviene a quien cuida, sino en lo que necesita quien es cuidado. Cualquier tratamiento debe buscar que tú estés bien, en tu propio contexto y según tus propias necesidades.
El segundo caso parecía, a primera vista, un problema entre adultos: un conflicto legal sobre una casa. Pero en esa casa vivía una niña, hija del dueño. Y eso lo cambia todo.
¿Pueden los jueces y juezas ignorar que estás ahí solo porque el conflicto lo iniciaron otras personas, no en tu nombre? No. Establecimos que tienen la obligación de preguntarse si su decisión puede afectarte. Si hay una niña, un niño o un adolescente involucrado, el sistema de justicia debe actuar para protegerle.
El tercer caso es quizás el que más te puede hacer pensar. Un adolescente quería saber quiénes eran sus progenitores biológicos (sus padres de sangre). Conocer de dónde vienes es parte de saber quién eres.
¿A quién le pertenece esa información? La respuesta de la Corte fue contundente: a ti. Las personas adultas no pueden decidir si te la cuentan o no. Las niñas, los niños y los adolescentes son dueños de su propia historia biológica. Deben poder conocerla, con el apoyo de una persona especialista y antes de cumplir 18 años. Conocer el propio origen no es un trámite. Es un derecho.
Los tres casos tienen algo en común: en cada uno, alguien podía haber ignorado que había una niña, un niño o un adolescente en medio. Y la Corte decidió que eso no era aceptable. Tus derechos no son menos importantes porque seas menor de edad. Son igual de reales, igual de importantes y merecen la misma seriedad.
El próximo Día de la Niña y el Niño, lo reafirmamos desde la Suprema Corte. Tus derechos importan. Y estamos aquí para protegerlos.
Ministra de la SCJN

