La tan trillada frase de que la “realidad supera a la ficción” perdió sus límites. Hoy la Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta muy útil en distintos procesos productivos e intelectuales, sin embargo, también es un peligro porque su “imitación” de la realidad confunde, manipula, desinforma y trasgrede la ética. El reto no es fácil, es exactamente todo lo contrario porque supone regular una herramienta que se sigue perfeccionando día tras día, pero que debe ser normada, para que las personas estemos protegidas pero al mismo tiempo, no frene la innovación. De ese tamaño el reto al que sí o sí debemos entrarle sin esperar más.
En semanas pasadas en la Cámara de Diputados se discutieron y aprobaron reformas que tienen que ver con los derechos de autor. En décadas pasadas esto habría sido muy sencillo, pero la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) lo cambia todo porque hablamos de términos que apenas estamos aprendiendo y que semanas tras semanas cambian. Legislar sobre la materia implica entender las ventajas y desventajas, los beneficios y los riesgos porque la IA es como un reactor nuclear y estamos pretendiendo legislarlo con un manual de estufa de leña, es decir, estamos completamente desfasados.
La inteligencia artificial generativa es un tipo de IA diseñada para crear contenido nuevo a partir de patrones que aprendió previamente en grandes cantidades de datos, es decir, cada vez que alguna persona genere contenido, la IA ya lo está estudiando, se esté “entrenando” para hacer contenido nuevo a partir de lo que está analizando, es decir, ya no es ni siquiera una clonación, sino algo nuevo pero creado a partir de algo que ya existe y de lo cual no se tiene protección.
Este tipo de IA es capaz de crear textos, imágenes, música, videos, voz, entre otras cosas, y todo eso lo hace prediciendo a partir de lo que ya conoce. Por ejemplo, si le pido a esta IA que realice una canción de Juan Gabriel, y previamente lo “alimente” con canciones del Divo de Juárez, la IA me va a entregar una canción que no es de Juan Gabriel, pero que tiene su voz, su estilo, vaya, tiene todos los rasgos del artista. Este producto se empieza a rolar en medios, en redes sociales, engañando literalmente a las personas pues es tan parecido, que pasa por original cuando no lo es, y encima de todo, produce regalías que no serán para quienes deben ser.
Términos como la clonación, el derecho de no inferencia, entrenamiento de sistemas de IA, espacio latente, extracción de rasgos distintivos, huella biométrica vocal, licencia de entrenamiento, modelo paramétrico, síntesis digital, síntesis granular, sistema de inteligencia generativa, sustitución mediante síntesis digital, transferencia de estilo, vectores de identidad, entre algunos otros, deben estar forzosamente dentro de la ley de derechos de autor, es más, no solo ahí, es urgente hacer una ley general sobre IA que contemple todo lo que tiene que ver con esta inteligencia. No podemos quedarnos con una legislación pasiva que atienda solo el pasado y el presente, sino el futuro, es decir, previniendo los riesgos que ya genera la IA.
La IA no es un peligro en sí misma, es el uso que se le está dando lo que pone en riesgo y en desventaja derechos de las personas. Lo que se puede hacer con IA es crear contenido engañoso muy convincente y manipular con esto a las audiencias, difusión de contenido que nunca ocurrió, pero que parece real, imágenes de personas que no existen, videos alterados, entre otros.
Urge atender esta que hoy es situación, pero que si no se atiende será un problema, es por eso que solicitaré que se cree una Comisión Especial que a la brevedad inicie con consultas y se trabaje en la redacción de una ley general sobre IA porque mañana ya será muy tarde.
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