La seguridad nacional de México no es equiparable a la utilización política del término “soberanía”. La defensa de ésta se ha devaluado por la aproximación facciosa que se ha hecho de ella por defender a impresentables Habrá que decirlo una y mil veces: ni Rocha Moya, ni el hijo del expresidente, encarnan la soberanía nacional y ahora eso parece más claro con el fallido intento de regresar al gobierno del sinaloense. El esfuerzo por defenderlos generó fricciones que debilitaron la credibilidad del gobierno y ahora ha decidido, con buen criterio, cambiar de rumbo.
La seguridad nacional depende de dos ámbitos fundamentales.
1) El interno, en el cual tenemos gravísimos problemas de gobernabilidad funcional. El Estado mexicano no está en condiciones de imponer orden en muchos puntos de la geografía y sus instituciones son percibidas con diversos grados de ilegitimidad. Particularmente débil es la procuración de justicia. Poco aumenta su credibilidad cuando procesa a Fausto Corrales dos años después de ocurridos los hechos que terminaron con la vida de Héctor Melesio Cuén. Algunos dirán: “más vale tarde que nunca” y es verdad, pero sigue siendo tarde. Los otros temas de la agenda de riesgos son de sobra conocidos: tenemos altísimos niveles de corrupción (huachicol fiscal) y graves carencias en múltiples ámbitos. Tenemos un Estado disfuncional.
2) La relación con Estados Unidos. No hay manera de gestionar la vecindad y los problemas que de ella se derivan, sin una aproximación cooperativa y armónica con el vecino. Estados Unidos ha decidido apostar a fondo por el contraste. Por un lado, muestra la carta del buen vecino y por el otro presiona todavía más al gobierno de CSP. El apoyo para repatriar a Farías y el trato dispensado a García Harfuch son la cara sonriente que dice “acércate a mí, porque yo soy la luz, la verdad y la vida”. El gesto amistoso y casi coqueto pone a la presidenta en una situación complicada, porque le encarece la confrontación. Por el otro retira la visa al junior y refuerza la estrategia continental.
Procesar estas señales encontradas plantea a CSP el dilema de proteger a los suyos o ampliar la seguridad nacional. La decisión de descobijar a Rocha es audaz y marca un cambio en el sentido de la convergencia. Los señalados por EU seguramente se reagruparán en el plano interno, lo que reduce el margen de CSP. El expresidente no asumirá en silencio la humillación pública de su hijo.
Si la presidenta decide profundizar la estrategia de debilitar a los grupos políticos y criminales su principal aliado para lograrlo es el vecino, por paradójico que resulte. Pero ella sabe que hay costos crecientes en depender de ese socio expansivo e imprevisible que no esconde sus afanes en el resto del hemisferio. Al final lo que busca Washington es integrar a México al Escudo de la Américas.
No hay una solución perfecta. El dilema de enviar a Omar a Buenos Aires fue bien resuelto, retirar el apoyo a Rocha también, pero son cesiones puntuales y no un reforzamiento de las capacidades propias que no serán creíbles mientras no acredite que controla el territorio, las aduanas, los puertos y las carreteras.
Al mismo tiempo debe asumir que la mirada externa no sólo es útil cuando la apapachan o celebran, sino también cuando se le señala y critica. La mirada externa fluye en dos sentidos. Así como le ha ayudado que Trump se refiera a ella como una gran líder, también implica un alto peaje cuando le recuerda que algunos de sus compañeros son sospechosos de andar en malos pasos.
Analista. @leonardocurzio
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