La semana pasada, en medio del repudio popular Isabel Díaz Ayuso concluyó anticipadamente su controvertida visita en nuestro país. La presidenta de la municipalidad de Madrid y fiel representante de la derecha conservadora fue invitada por el Partido Acción Nacional para rendirle homenaje al “conquistador” Hernán Cortés mediante una misa frustrada a causa del rechazo que esta acción genera en un país pluricultural y multiétnico, donde sus pueblos originarios sobrevivieron a la violencia, el sometimiento y la discriminación producto de la guerra de conquista española.
Previo a su visita la funcionaria española se atrevió a decir que México debería escribirse con J en lugar de X. Doña Isabel, desde su “erudición” cree impartir lecciones de ortografía al pueblo mexicano. Sorprende que una figura política estime adecuado promover vínculos diplomáticos con un país latinoamericano recurriendo a expresiones de agravio. Su postura no solo resulta inapropiada, sino que además evidencia su carencia de conocimiento y de sensibilidad histórica respecto al origen y a la legítima reivindicación de nuestras raíces prehispánicas.
La visita de Díaz Ayuso no fue para fortalecer el diálogo ni la construcción de puentes de entendimiento. Por el contrario, su actuación evidenció una intención provocadora al intentar reivindicar a un personaje que perpetró un genocidio contra los pueblos originarios en tiempos de la Conquista.
Hay que recordar que el “homenajeado”: Hernán Cortés, fue enterrado y desenterrado nueve veces en los dos continentes. Finalmente, repudiado en su país de origen, fue sepultado por indicaciones del “padre del conservadurismo mexicano”, Lucas Alamán, en la Iglesia del Hospital Jesús Nazareno, en un pequeño nicho, atrás del altar mayor, a unas cuadras del zócalo de la Ciudad de México.
Díaz Ayuso señaló como la causa de suspensión de su visita, amenazas contra la empresa organizadora del los Premios Platino Xcaret, planteamiento que perdió credibilidad tras ser desmentido por los propios organizadores. El gobierno federal es respetuoso de la libertad de expresión, prueba de ello es que la presidenta de la municipalidad se expresó libremente y sin restricciones; no sucedió lo mismo en el estado de Aguascalientes donde se reprimió a quienes manifestaron su inconformidad ante tal visita.
Nuestra nación, se basa en la grandeza de sus pueblos y culturas, por ello, en la Cámara de Senadoras y Senadores, cada semana se da voz a representantes de los pueblos originarios y afromexicanos en la tribuna para que emitan un mensaje en su lengua materna, visibilizando la diversidad lingüística de nuestro país. Son 68 lenguas originarias que es importante preservar y reconocer, algunas se encuentran en peligro de extinción por el poco número de habitantes que aún se comunican a través de ellas.
Durante la invasión de Cortés, las sociedades establecidas en el territorio nacional se refugiaron en zonas agrestes para conservar sus tradiciones, su cultura, su artesanía y su lengua originaria, que se transmitió de las madres hacia los hijos, garantizando la preservación del lenguaje, patrimonio inmaterial de la humanidad.
En la Cuarta Transformación, nuestra política es de dignificación nacional y justicia histórica, por ello, en septiembre de 2024 aprobamos la reforma constitucional en materia de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, lo que contrasta con la visión colonialista de la derecha, donde tienen la concepción de que lo bueno solamente puede venir del exterior y se desprecia lo nuestro.
La memoria de nuestros pueblos originarios late y florece día a día. Cualquiera que intente menospreciarla, encontrará la firmeza y la dignidad de un país que honra sus raíces y jamás se inclina.
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