México tiene enfrente una oportunidad única: nuestra integración manufacturera con América del Norte, el crecimiento de industrias vinculadas a la inteligencia artificial y nuestra participación en cadenas tecnológicas globales nos colocan en una posición privilegiada. En 2026, nuestro país se convirtió en proveedor de alrededor del 40% de los servidores para centros de datos importados por Estados Unidos y, en mayo, nos convertimos en su principal proveedor mensual. Así, estados como Jalisco y Chihuahua comienzan a ser polos estratégicos de esta nueva industria. Sin embargo, ocupar un lugar en la cadena productiva no significa capturar el valor que genera.

Nuestro liderazgo no puede medirse únicamente por la capacidad exportadora, también depende de que logremos desarrollar capacidades internas y evitar que la transformación tecnológica profundice las desigualdades existentes, sobre todo entre empresas. El verdadero reto es construir hacia fuera un polo tecnológico capaz de atraer inversión, talento e innovación y, al mismo tiempo, construir hacia adentro una economía donde las pequeñas y medianas empresas puedan adoptar IA. Pero ese liderazgo será incompleto si internamente la transformación tecnológica profundiza las desigualdades.

Propongo analizar el tema desde tres ideas principales: primero, cómo México necesita consolidarse en referente regional en la materia; segundo, cómo la brecha entre grandes empresas y pymes puede impedirlo; y tercero, qué papel juega el Estado para impulsar una estrategia que equilibre competitividad internacional con desarrollo económico equilibrado y justo.

La primera es que México necesita consolidarse como referente regional mediante el desarrollo de capacidades propias. No basta con ensamblar los servidores que hacen funcionar a la IA de otros países. Si nuestra participación se limita únicamente a las etapas iniciales de la cadena de valor, seguimos dejando fuera buena parte del valor que se genera en etapas en las que entran aspectos como el desarrollo tecnológico, servicios especializados y adaptación de soluciones. El verdadero liderazgo exige que esas capacidades nos permitan participar en más eslabones de la cadena: talento especializado, capacidad de cómputo, gobernanza y conocimiento suficiente para adoptar nuevas tecnologías y adaptarlas a las necesidades locales. La oportunidad, y el mayor desafío, no está solo en producir más, sino en capturar una mayor proporción del valor que genera lo que producimos. Ese es un paso necesario para transformar nuestra posición industrial en una ventaja tecnológica duradera.

La segunda es que esa aspiración puede frenarse si la adopción de IA queda concentrada únicamente en las empresas con mayor capacidad financiera. Durante la conferencia Ai4 de agosto, KPMG reportó que apenas el 7% de los ejecutivos encuestados podía demostrar un retorno de inversión en la IA; aun así, 94% de las empresas consultadas planean seguir invirtiendo en ella. Las grandes compañías pueden experimentar, equivocarse y volver a invertir. Muchas pequeñas y medianas empresas no cuentan con ese margen. Si la capacidad de utilizar IA depende solo del tamaño de las empresas, unas acumularán conocimiento, productividad y talento mientras otras quedarán aún más rezagadas. Esa brecha no solo afectaría a pymes, limitaría la capacidad de México para construir un ecosistema tecnológico verdaderamente competitivo.

La tercera idea es que todo esto exige una responsabilidad concreta del Estado. No significa que deba subsidiar por subsidiar, la ruta debe ser gradual. El Banco Mundial propone una ruta muy útil para economías en desarrollo: adoptar soluciones existentes, adaptarlas a su contexto y, a partir de esas capacidades, avanzar hacia una mayor innovación propia. El Estado puede reducir los costos de entrada mediante capacitación, infraestructura y acompañamiento técnico que una empresa pequeña difícilmente tendría por sí sola.

México necesita actuar en esas dos escalas de manera simultánea. Hacia afuera, debemos construir polos capaces de atraer al mundo y consolidarnos como referente regional. Hacia dentro, debemos evitar que esa transformación genere desarrollo económico para unos pocos en lugar de una economía de desarrollo para todas y todos.

Ser referente en inteligencia artificial no debe traducirse en tener unas cuantas empresas de clase mundial rodeadas de miles que observan desde la distancia. El verdadero liderazgo empieza desde adentro, convirtiendo nuestra posición internacional en capacidades distribuidas en el país. Más que crecimiento, la IA es una oportunidad para que juntos logremos desarrollo; ese es el salto que México debe buscar. Con ello, hagamos lo que nos corresponde.

Mtra. Laura Lizette Enríquez Rodríguez

Especialista en protección de datos, ciberseguridad y gobernanza de IA

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