Tan solo en 2024, la inversión privada en inteligencia artificial en Estados Unidos superó los 109 mil millones de dólares. A nivel mundial, la inversión corporativa en esta tecnología rebasó los 250 mil millones. Para poner la cifra en perspectiva, este monto equivale a más del 11% de toda la economía mexicana en un año. Esto nos permite ver cómo la inteligencia artificial ya no es solo un tema de innovación, sino una discusión sobre crecimiento económico, competitividad y liderazgo global. Por ello, conforme avanzan las conversaciones sobre la revisión del T-MEC, vale la pena preguntarnos si esta tecnología ocupará un lugar central en la agenda regional.

Recientemente, en el programa “En Claro: Transparencia y Derechos”, conversé con José Luis Hernández, fundador de White Box Project Group y especialista en inteligencia artificial, precisamente sobre la forma en que la inteligencia artificial se está convirtiendo en un asunto de competencia económica, soberanía tecnológica y geopolítica. Lo que está en juego ya no es solo quién desarrolla mejores herramientas, sino quién será capaz de definir las reglas que regirán el desarrollo de la IA, atraer inversión y consolidar ventajas competitivas que se traduzcan en beneficios económicos.

En este contexto, vale la pena detenerse en tres ideas. Primero, que la inteligencia artificial es uno de los principales motores de competitividad del siglo XXI. Segundo, que la carrera por liderarla está redefiniendo las estrategias económicas de los países. Y tercero, que estas decisiones podrían influir en las conversaciones actuales sobre el T-MEC.

Durante mucho tiempo pensamos en la IA como una herramienta reservada para ciertos sectores. Hoy sabemos que su impacto es mucho más amplio, y que está transformando la manera en que producimos bienes, prestamos servicios e incluso tomamos decisiones. Se prevé que esta tecnología impulse el crecimiento económico a través del incremento en la productividad, la automatización de procesos y la generación de nuevos modelos de negocio. Estamos frente a una tecnología capaz de redefinir la competitividad de los países, incluso en una escala comparable a transformaciones históricas como la electrificación o el internet. Y precisamente porque la competitividad es uno de los pilares del T-MEC, resulta difícil imaginar que algo con este impacto quede fuera de la discusión regional.

Precisamente por su potencial económico, la inteligencia artificial se ha convertido en una prioridad estratégica para diversas potencias. Como señalaba José Luis Hernández en nuestra conversación, la discusión sobre la IA va más allá de cuestiones técnicas como algoritmos; se trata de la capacidad de desarrollar talento, asegurar cadenas de suministro tecnológicas y atraer inversión. La carrera por la inteligencia artificial es, en gran medida, una competencia por empleos, innovación y crecimiento económico. Por ello, cada vez más gobiernos buscan fortalecer sus capacidades tecnológicas y reducir su dependencia frente a otros países. Si Estados Unidos busca consolidar su liderazgo en la materia, resulta razonable pensar que intentará proyectar parte de esa visión hacia los mecanismos de cooperación económica que mantiene con sus socios más cercanos.

Aunque buena parte de la discusión sobre la revisión del T-MEC se concentre en otros sectores, la creciente relevancia económica de la IA abre la puerta para que temas relacionados ganen espacio dentro de la conversación. La economía digital ya está transformando los factores que determinan la competitividad de América del Norte, y la IA difícilmente permanecerá fuera de este debate.

Por ello, la pregunta no es si la inteligencia artificial formará parte de la discusión económica de la región, sino qué papel queremos que juegue México en ella. Porque mientras algunos países ya están en la carrera por liderar la próxima revolución tecnológica, otros todavía discutimos si seremos partícipes. Y en una economía cada vez más digital, quedarse al margen también tiene costos. El desafío consiste en construir capacidades, talento y las condiciones necesarias para que México no solo desarrolle estas tecnologías, sino que también participe en la definición de las reglas que darán forma a la economía del futuro. Con ello, hagamos lo que nos corresponde.

Especialista en protección de datos, ciberseguridad y gobernanza de IA

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