Cada 27 de junio, el calendario internacional nos recuerda la existencia de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyMEs). Se organizan foros, se citan cifras espectaculares sobre su aportación al PIB y se les reconoce como el corazón de la economía.
Sin embargo, para quienes vivimos el día a día en la trinchera empresarial, este día debería ser una profunda reflexión sobre por qué, siendo el 99.8% de nuestras unidades económicas, las seguimos tratando como un actor secundario en la política pública.
En México, hablar de MiPyMEs es hablar de 19.6 millones de empleos y de la historia de millones de familias que, con un capital mínimo y un esfuerzo máximo, sostienen el tejido social. Pero detrás de este heroísmo empresarial hay una realidad dolorosa: estamos desperdiciando el potencial de quienes realmente construyen el país.
En COPARMEX, hemos decidido dejar de esperar a que otros resuelvan lo que es nuestra responsabilidad. Por eso lanzamos "Crece Mi Negocio", un ecosistema que utiliza la tecnología para diagnosticar, capacitar y vincular a 100 mil empresas.
Pero seamos claros: la labor de la sociedad civil y el sector privado tiene un límite. El Estado no puede seguir siendo un espectador ante la alta mortalidad empresarial, donde 52 de cada 100 negocios mueren antes de los dos años.
Mientras el gran discurso nacional se centra en las grandes inversiones, 4.7 millones de negocios enfrentan día a día barreras que, en cualquier país competitivo, ya habrían sido derribadas por el Estado.
El acceso al financiamiento es, quizá, la herida más abierta. En México, el crédito formal para una pequeña empresa sigue siendo una quimera. La mayoría de nuestros empresarios se financian con recursos propios, apoyo familiar o esquemas de proveedores.
¿Cómo pretendemos que se conviertan en empresas de alto valor si el sistema financiero les cierra la puerta por falta de un historial estructurado? Es una paradoja: pedimos formalidad y crecimiento, pero negamos el combustible indispensable para lograrlo.
A esta asfixia financiera se suma un enemigo mucho más cruel: la inseguridad. Las cifras de #DataCoparmex no mienten y son escalofriantes. Casi la mitad de nuestros socios ha sido víctima de un delito.
La extorsión y el cobro de piso son un impuesto criminal que el Estado ha permitido que se normalice. ¿Con qué ánimo va a invertir un pequeño comerciante en digitalización o en nuevos equipos si una parte sustancial de su margen operativo se le va en pagar seguridad privada o en enfrentar la rapiña?
Por si fuera poco, nos hemos quedado rezagados en la integración a las cadenas globales. Mientras el nearshoring nos ofrece una oportunidad histórica, la gran mayoría de nuestras MiPyMEs siguen mirando desde la barrera.
Apenas el 5.5% realiza ventas por internet. Estamos en la era de la Inteligencia Artificial y la automatización, pero seguimos sin democratizar el acceso a la tecnología para el pequeño productor.
Necesitamos un cambio de paradigma. Necesitamos certeza jurídica, energía suficiente, agua y, sobre todo, una simplificación administrativa que deje de ver al pequeño empresario como un sujeto a fiscalizar y comience a verlo como el aliado estratégico que es.
Fortalecer a las MiPyMEs es la mejor apuesta política y económica que México puede hacer. Un México con más y mejores negocios es el único México capaz de crecer. #OpiniónCoparmex
Presidente Nacional de COPARMEX

