Para Ciro Gómez Leyva por su valor ejemplar e indispensable
A lo largo de estos días he tenido la oportunidad de disfrutar de algunos de los partidos de futbol que este Mundial nos ha brindado. También he podido leer y escuchar sobre la vida de jugadores cuyas historias se han escrito con espíritu heroico e inquebrantable.
Deseo que estás historias inspiren a nuestras niñas, niños y adolescentes, que los alejen de sus celulares y los acerque a sus sueños. Sueños que son posibles de alcanzar si aprenden de quienes hoy dejan lo mejor de sí en las canchas.
Vozinha hoy está en boca de millones de aficionados. Es el sobrenombre del portero de Cabo Verde, a quien desde niño le pusieron así sus amigos, significa “abuelita” en portugués, pues cuando lo lastimaban jugando fútbol, corría con su abuelita buscando consuelo.
Fue su abuelita quien lo crio y lo vio crecer. Este portero ha colocado en el centro del Mundial a un país desconocido por millones de personas, su nombre real, Josimar José Évora Dias.
Katia Itzel García, fue la primera mujer árbitra central en el partido Países Bajos contra Túnez. Tiene una larga y destacada trayectoria profesional en torneos de gran relevancia, incluyendo los Juegos Olímpicos de París, además de una sólida preparación académica.
Ha enfrentado múltiples adversidades en un mundo dominado predominantemente por varones, incluyendo amenazas y severas críticas en redes sociales. Su fortaleza y resiliencia han marcado ya un antes y un después en las canchas del Mundial.
Quiñones, nació en Colombia y es naturalizado mexicano, vivió una niñez en condiciones de pobreza extrema, sostenido por el amor y la fortaleza de su mamá. Aprendió a jugar descalzo y quienes lo conocen, afirman que tenía dos alternativas: involucrarse en actividades ilícitas o ser futbolista. Él se empeñó en esta última.
En una de sus biografías relata que al realizar su primera demostración de futbol para medir sus habilidades frente a otros niños, sus zapatos rotos dejaban ver sus dedos.
Carlos Salcido, cuando tenía nueve años murió su mamá de cáncer, y él se convirtió en el férreo protector de su hermano menor, enfrentando el alcoholismo de su padre y una orfandad que los llevó a dormir en plazas públicas y a buscar comida para sobrevivir.
A los 13 años había emigrado solo de Ocotlán, Jalisco, a la ciudad de Guadalajara, donde se volvió experto en lavar camiones y automóviles. No alcanzaría este texto para dar cuenta de los desafíos que superó y de los trabajos que realizó hasta que fue descubierto por un entrenador que lo invitó al mundo del fútbol.
Raúl Jiménez merece un gran espacio, pues desde el Club América cruzó el océano para llegar al Atlético de Madrid y, posteriormente, a Portugal e Inglaterra.
Tras sufrir una fractura de cráneo justo en una cancha de futbol, los pronósticos eran adversos en muchos sentidos. Jiménez está hecho de esa madera heroica que explica su camino de regreso y una historia de éxitos que la gran mayoría consideró que nunca lograría.
La esposa de Orlando Gill, el famoso portero de Paraguay, cuenta que al nacer su primer hijo con problemas de salud, enfrentaron una situación económica tan difícil que Gill vendió hasta sus zapatos de futbol. En este Mundial es el héroe de su selección al ser clave en el triunfo contra Alemania.
Hay héroes y heroínas que no viven en las pantallas de ciencia ficción, sino frente a nuestros ojos. Historias llenas de lecciones y aprendizajes que nos regresan al mundo real, al del esfuerzo, la no rendición, la constancia, la valentía y la esperanza.
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