El primer y único gánster gallego cubano chicaguense, el inimitable Juan Orol, director de cine, actor, guionista y hasta compositor, aparte de creador de todo un culto cinematográfico alrededor de una disparatada filmografía que abarca 55 títulos de drama, melodrama, cine de acción policiaca, alguna vez casi pisa el umbral de la vieja Conaculta, en busca de un estudio crítico de su cine.

Curiosos y divertidos por antonomasia, los títulos orolianos, que no existen en DVD formal (a pesar de uno o dos intentos serios) más que en copias sacadas de la televisión, son de esos cuando sus historias lo mismo hacían reír o llorar.

Un entusiasta de su cine, Eduardo de la Vega Alfaro, hizo en 1985 un piloto para la Filmoteca de la UNAM (el volumen cuatro de la Filmografía Nacional) de lo que luego sería un libro más formal para la Universidad de Guadalajara de este mártir del humor involuntario y mal llamado “Rey del churro”.

En el volumen ilustrado Orol, ametralladora en mano y sombrero de ala ancha,
vaticinaba en títulos fuera de control como Gansters contra charros, Los misterios del hampa, Pasiones tormentosas, Cabaret Shangai, El sindicato del crimen, Bajo la influencia del miedo, El reino de los gánsteres y La mesera coja del café del puerto, como era su cine, capaz de retar cualquier cosa al amparo del cinismo, la inocencia y el surrealismo.

Con José G. Cruz, inventor de las historietas de Santo el Enmascarado de Plata, como guionista y actor, supo de las mieles del sufrimiento y la lágrima fácil en la trilogía Percal de principios de los 50: El infierno de los pobres, Perdición de mujeres y Hombres sin alma.

José Pulido, un charro inventado para darle batalla a Jorge Negrete, fue el protagonista de El charro del arrabal que, curiosamente es la primera parte de Gangsters contra charros.

A don Juan se deben premoniciones de trayectorias como la de Bala mágica, que mató a JFK en 1963 en Dallas, Texas (en Pasiones tormentosas) y visiones encontradas sobre la influencia de Bob Dylan y Los Beatles sobre los hippies en la película El fantástico mundo de los hippies (1972).

El prolífero director, muy vilipendiado en la época de oro del cine mexicano, tuvo de esposas a las rumberas más cotizadas del momento: Rosa Carmina, María Antonieta Pons y Mary Esquivel y claro, tenía que tener su biopic para redimir a un cine pobre, cursi, chabacano, pero, que caray, muy divertido.

En El fantástico mundo de Juan Orol (2011), Sebastián del Amo, le rinde tributo y rescata emocionalmente su manera de filmar, llevando como protagónico a Roberto Sosa en este drama verdadero del inventor del cine de rumberas, gánsters y precursor del jipiteca nacional.

Se dice que una plática con Emilio Fernández lo llevó —mediante una apuesta— a rodar Gangsters contra charros.

Cuando se quemó la cineteca por precepto de Margarita López Portillo, muchos originales de sus películas se perdieron.

Sin embargo, fue cuando más corrieron las copias grabadas de la televisión en VHS y luego en DVD.

pepenavar60@gmail.com

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