Pago por ver

José Xavier Návar

Lo más publicitado por Netflix en este mes deja mucho qué desear, a no ser que los suscriptores estén acostumbrados a las migajas, disfrazadas de películas y series

Desde que el entretenimiento cinematográfico se paga en plataformas, se debería exigir primero calidad en lugar de cantidad. Sin embargo, lo más publicitado por Netflix en este mes deja mucho qué desear, a no ser que los suscriptores estén acostumbrados a tan sólo las migajas, de las que hay muchas disfrazadas de películas, series y miniseries.

Una de ellas, la muy “recomendada” hispana Los Favoritos de Midas, basada en un cuento de Jack London, con gran presupuesto y un reparto interesante, comienza muy bien en la vena del thriller corporativo de intriga. Unos matarifes intelectualizados ejecutarán a varias personas al azar, si no hay un pago de por medio.

El problema es que, conforme avanza, muchos presienten que terminará en petardo y, sin spoilers, no se equivocan.

Bronx, que nada tienen que ver con su similar en la ciudad de Nueva York, ni con el tenebroso lugar en Colombia de intercambio de drogas y ordenamiento de asesinatos, es un thriller francés efectista de sangre y corrupción policiaca, donde un oficial leal ve su vida en peligro por no alinearse a las fuerzas mafiosas del mal.

Dirige el efectivo Oliver Marchal (Braquo, MR 73) y protagoniza, entre otros, Jean Reno.

Y como el crimen sí paga, se recomienda ver la miniserie de tres episodios I am a killer, donde un convicto evita su ejecución y regresa a la sociedad que lo vio delinquir hace 30 años, y suelta inmisericorde la sin hueso.

Se trata de un documental spin off británico, atrapante. Muy en el estilo de los últimos de Henry Lee Lucas.

Por último, la joya de la corona apunta para ser la biopic de cine dentro del cine, Mank, de David Fincher. Versa sobre Herman Mankiewicz, quien fuera el celebre guionista de El ciudadano Kane, de Orson Wells.

Gary Oldman encabeza el majestuoso reparto con nombres altisonantes. Los mecanismos de poder mostrados en la cinta con respecto a los procesos de la creación son de cortar el aliento en la vena de un noir que se permite toques de comedia.

Se trata de una inmersión al mejor cine que resultará fascinante, inteligente y sofisticada para los que alguna vez, o varias veces, vieron El ciudadano Kane, cumbre de la nostalgia hollywoodense. La música, leit motiv de las poderosas imágenes en blanco y negro del film la comparten el rockero casi industrial Trent Reznor y Atticus Ross.

Esta sí, imperdible.
 

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