Mandy: La pesadilla

José Xavier Návar

Imposible domar a Nicolas Cage y menos en esta película de execrable factura y gore asqueroso dirigida por Panos Cosmatos, que ha cosechado vientos y tempestades en los Festival de Sitges, los Premios Independent Spirit y la Asociación de Críticos de Chicago.

Todos en 2018 con una combinación de thriller de terror fantástico, sectas piradas y horror repulsivo sobrenatural.

Cine de fantasía vitriólica con latigazos oscuros de siniestra venganza y mutilaciones viscerales que han dividido a puristas y apologéticos del género.

Sus aciertos contrastan con lo enfermo de su edición apabullante, filmada en cuanto a su desquiciante violencia, en planos pulsantes de negra noche.

Cosmatos no es nada tonto y, para disfrazar errores de trucaje y apreciación en esta especie de midnight movie de venganza anunciada, nada como filmar de noche y con poca luz.

Toca al espectador decidir sobre la historia de un leñador, el propio Cage, cuyo amor (Mandy, interpretada por Andrea Riseborough) se cruza en mala hora, con una horda de hippies desquiciados, asociados con unos motoristas salidos de distintos infiernos.

Red (Nicholas Cage) de verdad se enoja por el destino de su amada y la venganza que ejercerá sobre los motociclistas del averno, promete ser antológica. Armado hasta los dientes cual Mad Max de quinta parte.

Este ángel de la muerte que apesta a sangre, sudor y lágrimas parece inventado por el cine del director David Lynch, pero sólo en eso se queda: en un invento de una cinta algo oscura y muy pretenciosa.

Mandy se queda en un disparatado ejercicio de psicodelia extraña, mutilaciones variadas y pocas resoluciones climáticas de verdadero pavor y locura extrema, con variados saltos de intensidad. Espadas y motosierras mecánicas nunca llegan al clímax en secuencias hábilmente montadas, pero sin alma… negra. Igual pasa con sus efectos especiales extremados que rayan en la demencia pura.

Antes de los tiempos del Covid 19 llegó al Tianguis del Chopo (sección de cine raro para freaks) y pocos se atrevieron a comprarla. Ahora, que Netflix la ha estrenado, pocos se atreven a verla por lo disparatado de su argumento, tratamiento pesadillesco extremo y ninguna nominación a las Frambuesas Doradas (las Impopulares Razzies) en su momento. Peor que esto, ni la propia película de Cosmatos.

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