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El efecto Berlinger

José Xavier Návar

Sus incursiones en la perversidad humana lo hacen un delator visual y termómetro de que las cosas no están bien

Hay directores de cine, principalmente de documentales, que eligen los temas escabrosos y retorcidos, de los que se perpetuan en las plataformas de streaming. Joe Berlinger es uno de ellos. Sus incursiones en la perversidad humana, la gente fuera de la ley, los asesinatos sin y con asesinos en serie, e incluso en lados tenebrosos del rock, lo han llevado a ser un delator visual y un termómetro de que las cosas no están bien.

Como producto de haber estado en Maysles Films, la compañía de los aguerridos hermanos Albert y David Maysles, tienen en su haber asociaciones fílmico delictuosas con tipos como Bruce Sinofsky, con el que en 1996 rodó el primer documental de la trilogía Paradise lost (Asesinato en Robin Hood Hills) a la que siguió Revelaciones y Purgatorio. Tres jóvenes “distintos” fueron acusados en las muertes, con vínculos satánicos, de tres niños de ocho años.

Este ejemplo de “Crímenes Verdaderos”, llevaron el docu a la antesala del Oscar, en 2011. Berlinger, junto con Allison Berg y Kahane Coopeman, se ocuparon en 2017 de los asesinatos de la familia Clutter, que antes hicieron famoso a Truman Capote con A sangre fría. En 2014, registró el juicio del asesino y mafioso de Boston, James J. Bulger y las conversaciones con Ted Bundy también le dieron prestigio hace tres años. Tanto, que hasta hizo un fallido film con Zac Efron, con los crímenes de Ted.

Metallica vaticinó en el 2004 su incursión en el rock pesado con el rockumental Some kind of monster, y las sesiones de grabación del álbum ganador del Grammy St. Anger. Ahora en pleno síncope pandémico husmea en la miniserie documental de tv para Netflix: Escena del crimen: desaparición en el Hotel Cecil, en el paraje tenebroso del Downtown de la ciudad de Los Ángeles, California, y su lado más siniestro.

Una turista canadiense desaparece sin dejar rastro en el hotel, que tiene en su haber varias historias infames que son parte de la investigación, armada con un pietaje fílmico de archivo impresionante, como su reconstrucción con los personajes reales del misterioso asunto.

No se revela la trama con ningún spoiler, de un caso policiaco casi increíble hasta ahora, en un análisis exhaustivo de la investigación que raya en lo paranoico y la teoría de las conspiraciones.

Es tan adictiva la miniserie, que vale la pena inmiscuirse como uno más ávido de las sorpresas. Y, me atrevería a decir, que tanto o más que otro ejemplo similar de documental como The devil next door, (que ya pasa en Netflix) sobre uno de los verdugos más sádicos de Treblinka, el nazi John Demjanjuk, conocido como “Iván el Terrible”, que merece comentario próximo, aparte.
 

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