Después de que hace años Robert Stack (el señor Ness, de “Los intocables” ) volviera de culto el episodio de “Misterios sin resolver” dedicado a D.B. Cooper, el insólito secuestrador de un avión en tránsito de Portland, Oregon a Seattle, Wahington que, bomba en mano, amenazara a una azafata y pidiera 200 mil dólares del tipo de cambio imperante en 1971, más cuatro paracaídas para lanzarse del avión con su valiosa carga el Día de Acción de Gracias, Netflix revive el intrincado caso en una miniserie de cuatro episodios que, más que resolver el misterio, lo acaba complicando más.
Marina Zenovich, con una variopinta carrera en el cine, aborda el tema con un esperanzador: ¿Qué pasaría si D.B.Cooper estuviera vivo? La investigación la arranca un tipo que invierte parte de su vida y la de su familia en indagar la existencia y hazaña criminal del más inteligente secuestrador de aviones. Nadie salió lastimado, más que el FBI, que nunca pudo resolver el caso luego de 50 años de infructuosa búsqueda.
D.B. Cooper, nunca dejó huella de su identidad. En un principio compró su boleto del avión bajo el nombre de Dan Cooper, pero debido a un malentendido informativo, se quedó en D.B. Cooper, investigado hasta la saciedad por detectives de formación, investigadores de café y hasta fauna extra policial de Internet, que han explorado cientos de pistas y que se han obsesionado con el caso, como los protagonistas reales de la miniserie a la que querían hacer libro, luego película y que terminó en fallido documental.
Mientras tanto, con el paso del tiempo aparecieron clubs de fans de Cooper; se vendió merchandise y hay recintos en donde año con año se le rinde culto. Bueno, hasta hay convenciones donde se debaten todo tipo de teorías conspirativas sobre su proceder. Hay organigramas fotográficos donde las pistas arrojan nombres verdaderos y falsos sobre su identidad real. Los posibles sospechosos de haber sido D.B. Cooper (al que sólo se le relaciona con un retrato hablado), caen por su propio peso.
Los protagonistas de la miniserie “D. B. Cooper: ¿Dónde estás?”: el escritor y productor Thomas Colbert, cree que un tal Robert Rackstraw pudo haber sido Cooper. Al tipo se le ofreció una partición monetaria de un libro y luego una película (hubo algunas fallidas) y acabó rechazándola. Unos billetes de la extorsión aérea aparecieron en una localidad y luego resultó que fueron sembrados. Al ajo entra también la CIA que, tampoco, atina con la identidad del ladrón, con la que todavía se sigue especulando en un terreno en el que no parece haber respuestas reales.
Lo que sí hay que recocer es que, en parte gracias a la miniserie, D.B. Cooper, forma ya parte del Salón de la Fama de la fauna criminal del “true crimen americano”, gracias a la hazaña de tirarse de un jet a 10 mil pies de altura, a una velocidad de 200 nudos, con 200 mil dólares en algún lugar entre Seattle y Reno.
Pistas más, pistas menos, hay que reconocer su talento para saltar de tal altura sin red, cargando el preciado billete verde que hoy al tipo de cambio sería de un millón, 200 mil dólares.





