Cuando la nota roja era el principal atractivo y el crimen “todavía no se organizaba como tal en 1989”, llamó poderosamente la atención la noticia de que, en Tamaulipas, en un rancho abandonado a toda prisa, se encontraron 15 cuerpos mutilados a machetazos por una turba de “ahijados de Satán”. Era una pandilla de sicarios del cártel del Golfo y sus hazañas sangrientas combinadas con brujería les hizo ganarse el mote de “Los narcosatánicos”.

Sus integrantes principales fueron Adolfo de Jesús Constanzo, El Padrino y su secretaria y asistente, Sara Aldrete, La Madrina. A esa banda perteneció Álvaro Darío de León, El Duby, cuya incipiente carrera criminal rozó con otros criminales famosos de la época en el ala de los asaltos bancarios y después en el secuestro, donde se hizo amigo de Alfredo Ríos Galeana, Andrés Caletri, Roberto Malváez, El Brady y El Marino, con una cauda de 67 homicidios, entre otros pelafustanes.

Películas sobre “Los narcosatánicos” no faltaron (aunque no se asomaron mucho por la cartelera de ese tiempo), Sin embargo, una de ellas: Borderland, de Zev Berman, se pasó de la raya de la salvajada. Es la historia de un viaje que hacen tres amigos texanos para disfrutar el verano antes de entrar a la universidad. La escala que hacen en la frontera mexicana en busca de drogas, sexo y rocanrol, no la olvidarán jamás (los que sobrevivan al filo de los machetes) de un secta maligna comandada por Beto Cuevas (el cantante de La Ley).

Uno de los estadounidenses, Brian Presley, ayudado por Martha Higareda, va por los narcos santeros que han martirizado a uno de sus amigos. Ayudado por un policía honesto, Damián Alcázar, se han sacado al tigre de la rifa: Beto Cuevas, que mata mejor que canta. El reparto es de primera y uno se cree todo, comenzando por el rostro patibulario de Roberto Sosa.

Todo sucede dentro de una historia de asesinatos en serie, desapariciones, gore, thriller canijo, desapariciones forzadas y filo del fierro donde más duele. La historia real de la cual se están cumpliendo 30 años se vuelve psicótica y violenta con una moraleja: aquí primero hay que disparar a matar, y luego ver a quién le has dado en esta peli filmada hace 12 años, que muchos no pueden olvidar. La recetan los especialistas de ese cine negro raro, desviado y con propósitos oscuros.

El Padrino de Matamoros se fue por la vía rápida a manos de uno de sus incondicionales, llevándose consigo la lista de personajes del crimen, política y la farándula desatada, que fueron marcados en la piel viva como miembros activos de ese culto satánico. Epi Ibarra bien que quiere filmar la serie para Netflix, pero le da frío.

pepenavar60@gmail.com

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