Guardián de la democracia

José Francisco Olvera Ruiz

Después de muchos siglos de hablar de ella, no podemos establecer a plenitud, una definición que a todo mundo deje conforme. ¿Qué es la democracia? Las civilizaciones de la antigüedad que generaron el concepto, se integraban por grupos totalmente distintos, en relación con nuestra circunstancia actual. Hay tantas definiciones como pensadores y teóricos de la política, la han descrito, en los últimos dos siglos.

Después del último proceso electoral federal, nos quedamos los mexicanos, con la confianza de haber alcanzado por fin, la categoría de ser una sociedad democrática. El resultado del proceso electoral de 2018, fue indiscutible, claro y plenamente aceptado, independientemente de en qué posición quedamos, si del lado de los victoriosos o de quienes no les alcanzó la confianza de los votantes.

Ahora nos dicen que nuestra democracia necesita un guardián, pensando en el complejo proceso que se avecina para el año 2021. Es aquí en donde necesitamos aproximarnos a una definición de democracia. Y como el concepto puede ser muy amplio o de aplicación en muchos contextos, sin ánimo de inventar el hilo negro, pensaría que en estos momentos hay que abordar únicamente a la democracia electoral.

Y aquí surge un elemento además de indispensable, de carácter superior, que es el marco jurídico. La Constitución, Leyes, reglamentos, acuerdos y la jurisprudencia, forman el andamiaje en el que se sostiene la actuación de todos quienes intervienen en las elecciones. A partir de ello opino que, por democracia electoral, podemos entender (no definir) al desarrollo de un proceso electivo, dentro del estricto marco de la ley, cuyos resultados se aceptan, porque candidatos y candidatas, partidos políticos, el INE, organismos complementarios, los tribunales especializados, locales y federales, todas las instancias de gobierno y los millones de ciudadanos que, de manera voluntaria, intervienen en cada etapa del proceso, se ajustan a la guía imperativa de la ley.

El principio jurídico que establece que ninguna autoridad o servidor público, pueden ejercer facultad alguna, si no está estrictamente señalada en la ley, no deja espacio para ningún guardián adicional, a los órganos previstos para la vigilancia y control del proceso electoral.

Pero si hay la duda de que, al margen de todas las bases puestas por los años de experiencia y evolución del sistema electoral, aun se pueden cometer irregularidades que alteren a la democracia que hemos ganado, si creo que hay dentro del marco jurídico, un gran guardián.

La ciudadanía misma. Independientemente de las preferencias partidistas o de candidatos, hoy que se asoman vientos de incertidumbre para el 2021, debemos hacer conciencia de la responsabilidad social, que cada ciudadano tenemos. Y es ahí a donde surgen nuestras obligaciones con la democracia.

La primera obligación es la de votar. En 2018, votó el 63.4 % del padrón. Y se ha demostrado que, a mayor votación, menor riesgo de una posible alteración de la voluntad popular. Otra obligación es acudir al llamado del INE, cuando se trate de integrar las mesas directivas de casilla. La recepción de votos, su conteo y el asiento en actas, lo realizan ciudadanos, no el INE, así es casilla por casilla. El resultado final, es la suma de todas las casillas. A los ciudadanos corresponde incluso, la cadena de custodia de cada paquete electoral, hasta que quedan en el resguardo pertinente. Adicionalmente, tenemos otra figura ciudadana, los representantes de partido y de candidatos por casilla. Es tal el número de elementos por acreditar, que difícilmente se cubre solo con militantes, suelen echar mano de ciudadanos simpatizantes.

Resolvamos entonces, en nuestra calidad de ciudadanos, ser los guardianes del próximo proceso electoral. Dispuestos a votar, pero también activos para despertar la conciencia en nuestro entorno, para que muchos más electores salgan a votar. La fórmula es votar y promover el voto libre y secreto. Necesario es también responder sin pretextos, si somos llamados, a formar parte del ejército ciudadano que cuidará de las casillas. Así no habrá lugar a mayores tentaciones, ni podrán poner en evidencia, la legalidad de los resultados. Como ya parece que lo anticipan.

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