Apenas el pasado 3 de enero de este año despertamos con la noticia del bombardeo a Caracas y la extracción de Nicolás Maduro, y su detención y confinamiento en una cárcel estadounidense junto a su esposa Cilia Flores. La noticia estremeció a la opinión pública internacional que inmediatamente dio un seguimiento puntual a los sucesos en la capital venezolana. Desde finales de 2025 las declaraciones de Venezuela y Estados Unidos subieron de tono y cerramos el año sin conocer el desenlace.
En las primeras horas del 3 de enero de 2026 se conocieron las declaraciones de la vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Condenó los hechos y llamó a la defensa de la soberanía de su país: “Llamamos al pueblo venezolano a mantenerse en calma para afrontar juntos, en perfecta unión nacional, que esa fusión policial, militar, popular se convierta en un solo cuerpo y salgamos nosotros en esta etapa maravillosa de defensa de nuestra soberanía, de nuestra independencia nacional”.
Se presagiaba que el gobierno de Donald Trump aceleraría un cambio de régimen. Sin embargo, poco después, fuimos testigos de la descortesía de Trump con María Corina Machado. Quizá era la primera señal de una probable paz negociada. Machado unos meses antes habría recibido el Nobel de la Paz. Esa noticia desató una polémica francamente llamativa.
Lo cierto es que paulatinamente la narrativa de Delcy Rodríguez se fue atenuando y cuando recién se conoció la reapertura de las relaciones de Venezuela con el Fondo Monetario Internacional (FMI), agradeció la intervención de Donald Trump y de Marco Rubio. El agradecimiento se hizo extensivo a Brasil, Emiratos Árabes y a Qatar. Venezuela no participaba en el FMI desde 2019 en el marco del gobierno de Nicolás Maduro. Delcy textualmente dijo: “Es un paso muy importante para la economía venezolana, pero también lo que significa Venezuela para nuestra región”.
Con ello las suspicacias de una ¿paz negociada? son cada vez más acusadas. Quizá el tiempo y los acontecimientos nos den la pauta para saber qué realmente sucedió. Lo único cierto hasta el momento es un evidente acomodo del interinato de Delcy que implica una acumulación de poder junto con su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional Venezolana. Jorge Rodríguez en una reciente entrevista para el diario español El País, declaró enfático que lo más importante es “la economía”.
Ciertamente no sabemos si el modelo venezolano será extensivo a Cuba, toda vez que Donald Trump insiste en que será él quien desmonte el legado revolucionario que data desde el 1 de enero de 1959. En el radar de Trump también se ubica la Nicaragua de Daniel Ortega. Llaman la atención los actuales acontecimientos regionales donde pareciera que el péndulo hacia la derecha incide en las relaciones interamericanas.
Aunque aún no hay resultados definitivos en Perú, el triunfo en primera vuelta de Keiko Fujimori, revela una tendencia que afecta al progresismo. En ese tenor será muy importante conocer los resultados de la cumbre progresista a la que asisten, Lula, Petro, Orsy y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, invitados por Pedro Sánchez.
En todo caso seguirá siendo observado lo que pase en Venezuela, por la riqueza de sus recursos naturales, por su estratégica posición geográfica en el Caribe y América del Sur y por la intensidad de su historia política reciente, que se asocia a Hugo Chávez Frías (1954-2013).
CIALC UNAM

