El domingo 31 de mayo el electorado colombiano es convocado a sufragar en torno al futuro político que deberán enfrentar en los próximos cuatro años. Colombia fue nota internacional cuando en junio de 2022 ganó las elecciones Gustavo Petro. Aún recordamos como López Obrador felicitó en la mañanera al pueblo colombiano cuando solicitó como música de fondo la clásica “pollera colorá”.

Para esta elección del último día de mayo de 2026 se registraron 14 candidatas y candidatos. Sin embargo, según las recientes actualizaciones tres lideran las encuestas. Paloma Valencia, heredera del ex presidente Álvaro Uribe, representante de una plataforma de centro derecha. Abelardo de la Espriella, que ostenta una derecha más radical e Iván Cepeda, el candidato progresista. De darse una segunda vuelta, tendría lugar el próximo 21 de julio.

Sin duda el resultado de esta elección se sobredimensiona por lo que pueda representar para el futuro del progresismo en la región. Es decir si Colombia, experimentaría una suerte de segundo piso transformador. La próxima prueba de fuego serán las elecciones en Brasil que se celebran el próximo 4 de octubre y que enfrentarán a Lula Da Silva contra Flavio Bolsonaro. Ante ese escenario no suena descabellado que lo sucedido el 1 de julio del 2018 con el triunfo electoral de López Obrador animó un ambiente de redención progresista cómo si de un “efecto” se tratase.

Desde 2019, México compartía una plataforma progresista con Argentina cuando ganó las elecciones Alberto Fernández. Después del triunfo de López Obrador acontecieron otros cambios que beneficiaron al progresismo en la región. Chile con Gabriel Borich. Pedro Castillo en Perú. En Brasil ganó Lula a finales de 2022. En Honduras con Xiomara Castro. En Guatemala en el verano de 2023 ganó sorpresivamente el Movimiento Semilla liderado por Bernardo Arévalo y en Uruguay apenas el año pasado retornó el Frente Amplio liderado por Yamandú Orsi.

Poco después el progresismo sucumbió en Argentina, en Paraguay, en Panamá, en Ecuador, en Perú, en República Dominicana, en Costa Rica, en El Salvador y apenas el año pasado se perdieron en cascada tres bastiones del progresismo: Honduras, Bolivia y Chile y nuevamente triunfó Daniel Noboa en Ecuador. En Perú, sorpresivamente pasó en segunda vuelta Roberto Sánchez, heredero del castillismo. Contenderá contra Keiko Fujomori, que representa la implementación de políticas neoliberales. La elección definitiva peruana se celebra el próximo domingo 7 de junio. Los analistas más dilectos observan una derechización de la región.

Sin embargo, México, Brasil y Colombia gobiernan a más de la mitad de la población de América Latina. Juntos rondan alrededor de 400 millones de habitantes de los aproximados 670 millones que conforman la región. Además han formado una plataforma estratégica liderada por la presidenta Sheinbaum, y los presidentes Lula y Petro. Entre otras decisiones comunes los tres países respaldan la candidatura de Michel Bachelet a la secretaria General de la ONU. El resultado de las elecciones colombianas y brasileñas será fundamental para saber si este bloque toma un segundo aire o se adelgaza.

El pasado mes de abril, el candidato progresista colombiano, Iván Cepeda, fue recibido por la Dra. Sheinbaum. Cepeda en su cuenta de X mencionó “En esta segunda reunión pude expresarle, nuevamente, el reconocimiento y la admiración de que ella goza en Colombia”. Si los triunfos electorales de López Obrador en 2018 y de Claudia Sheinbaum en 2024, son casi simultáneos a los de Lula y Petro en 2022, surge un supuesto que convoca y hermana al electorado de los tres países más poblados de América Latina. Que no se olvide que juntos gobiernan a más de la mitad de la población de la región.

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