Para nadie pasa desapercibido que el pasado 17 de junio, la selección colombiana de futbol jugó en el Estadio Azteca, en el marco de la primera ronda del Mundial 2026. Además de festejar el triunfo de su equipo ante Uzbekistán, la celebración antes, durante y después del partido en la Ciudad de México y particularmente en el Ángel de la Independencia, llamó poderosamente la atención. Sin duda, un acontecimiento inédito. Este suceso se asocia a los procesos políticos que esa nación viene experimentando. Fundamentalmente su elección presidencial.

Como el grueso de las naciones que conforman América Latina, Colombia presenta una historia marcada por la violencia. La década de 1950 fue un hito en su historia. Después del “Bogotazo” de 1948, un personaje singular de la política se convirtió en presidente en 1950. El conservador Lauraeno Gómez. Por cuestiones de salud renunció un año después. Gómez vivió el exilio en España durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). Mientras el derechista Lauraeno Gómez gobernó, intentó implementar un sistema político asociado al hispanismo franquista.

En virtud de lo anterior el pasado 31 de mayo las elecciones colombianas dieron un vuelco a la ventaja que presentaba en las encuestas el candidato progresista Iván Cepeda. El candidato outsider, Abelardo de la Espriella, sumó una ligera ventaja, respecto de Cepeda. Lo más alarmante es que la otra candidata de la derecha, Paloma Valencia, heredera del uribismo, declaró su alianza con De la Espriella, poco después de la elección. Valencia obtuvo aproximadamente el 7% de los votos.

Los teóricos e historiadores de la derecha en América Latina, atinan en definir que además de que existen y existieron muchas expresiones conservadoras, también podemos observar una suerte de “neo derecha pos modernizante”. En esta versión se pueden identificar a políticos como Javier Milei, Nayib Bukele o Daniel Noboa. A ello se suman otros estilos derechistas observables en Keiko Fujimori, Rodrigo Paz, José Antonio Kast, Laura Fernández o Nasry Asfura. En ese sentido se recomienda ampliamente la lectura de Historia Mínima de las derechas latinoamericanas (2023), del experto argentino Ernesto Bohoslavsky, que forma parte de las colecciones de El Colegio de México.

Ante este poli cromático escenario de la derecha, tendríamos que ubicar en qué versión se encuentran tanto Keiko Fujimori como Abelardo de la Espriella. Similitudes y diferencias. Porque los resultados electorales en Perú, que hasta el momento le siguen dando cierta ventaja a la candidata peruana, se asocian a lo que esta sucediendo en Colombia.

De confirmarse el triunfo Fujimori y De la Espriella en Perú y Colombia, a las jefas y los jefes de Estado proclives a un neoliberalismo más apremiante en la región se suman: Luis Abinader de República Dominicana, Santiago Peña de Paraguay y Raúl Mulino de Panamá y el mapa ideológico de la región se tiñe de este tipo de gobiernos. Lo que, sin duda, implicará un análisis histórico y coyuntural. Observaremos las estrategias de los gobiernos progresistas de México, Brasil, Uruguay y Guatemala, ante el probable escenario que se pueda presentar.

En el caso de Colombia, se sugiere revisar con mucho detalle la biografía del conservador Laureano Gómez, para ubicar con más precisión histórica a De La Espriella. Un ejercicio que se antoja pertinente y necesario en un momento en el que podemos echar mano de la historia para entender el presente e hilar más fino en los análisis de coyuntura latinoamericana. Mientras tanto, difícil olvidar que Colombia escenificó una fiesta futbolera en México el pasado 17 de junio.

CIALC UNAM

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