El 7 de agosto de 2026 queda marcado en la memoria latinoamericana de lo que va de este segundo lustro de la década de los veinte del siglo XXI por dos sucesos oficiales y llamativos. La transmisión de mando en Colombia y, con ello, el ascenso presidencial de Abelardo de la Espriella, y el anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas de México con Perú. Una de las primeras medidas que en materia de política exterior, ofrece el también recientemente estrenado gobierno de Keiko Fujimori. Ambos sucesos impactan en el tablero geopolítico latinoamericano a escasos dos meses de la elección presidencial en Brasil.
Sobre el tema colombiano, De la Espriella, se suma a los gobiernos derechistas de la región y anunció ya, con respecto a América Latina, el cierre de las Embajadas en Haití, Cuba y Nicaragua, con lo cual marca una tendencia respecto a su política en la región. Sin duda, alineado a los proyectos derechistas que impulsarán ahora las políticas de libre mercado a ultranza y, en materia de seguridad, emplearan métodos que se asemejen a lo ejecutado por Nayib Bukele en El Salvador.
El circuito derechista latinoamericano integrado por el propio De La Espriella, Rodrigo Paz, Milei, Noboa, Kast, Laura Fernández, Santiago Peña, Raúl Mulino, Luis Abinader, Keiko Fujimori y el propio Bukele junto a su vecino Nasry Asfura de Honduras, cobra fuerza y vigor. Una alianza ligada al liderazgo de Donald Trump. Casi todos Jefas y Jefes de Estado, llegan a gobernar después del 20 de enero de 2025, es decir, posterior a la segunda toma de mando presidencial de Trump.
Al nuevo presidente colombiano lo acompañaron además personalidades como el Rey de España, Felipe VI, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. La ceremonia de transmisión de mando se celebró en Cali y quedan, entre muchas imágenes, el estridente saludo “Viva la libertad carajo” de los presidentes de Colombia y Argentina, quienes se autonombraron: “Tigre” y “León”, respectivamente.
En otro escenario, México y Perú anunciaron un restablecimiento diplomático a partir del salvoconducto que el gobierno de Fujimori, otorgó a Betssy Chávez, ex ministra del gobierno de Pedro Castillo, y asilada en la Embajada de México en Lima desde noviembre de 2025. Chávez fue trasladada a la Ciudad de México y su llegada recuerda a millares de exiliadas y exiliados políticos que encontraron en México, refugio y sobre todo seguridad. Principalmente europeos y latinoamericanos llegaron protegidos por el gobierno mexicano en el siglo XX y la llegada de la peruana Chávez, sin duda, nos remite a rescatar de la memoria histórica a los desterrados que en su día, llegaron, llegan y seguramente seguirán llegando por cuestiones políticas.
En un escueto comunicado las cancillerías de México y Perú, hicieron público el siguiente comunicado: “Los gobiernos de los Estados Unidos Mexicanos y de la República del Perú, considerando los históricos lazos de hermandad y cooperación que unen a México y al Perú, acordaron, en esta fecha, la reanudación de las relaciones diplomáricas entre ambos Estados”. Ayer mismo hubo declaraciones de las presidentas Sheinbaum y Fujimori. La doctora Sheinbaum aseguró en la conferencia del pueblo del 7 de agosto que el gobierno de México sigue respaldando la causa de Pedro Castillo. Mientras tanto Fujimori, aseguró en un evento en Junín, que muy pronto nombrará a un Embajador en México.
Ambos sucesos, el cambio presidencial en Colombia y el reencuentro diplomático México-Perú, impactaron de forma contundente la agenda latinoamericana. Sin embargo, los sucesos que atañen a México y Perú, revelan que el gobierno de Sheinbaum sigue sosteniendo una postura de proximidad en torno a las causas progresistas, en este caso, la que abandera el depuesto expresidente peruano, Pedro Castillo.
CIALC UNAM

