Toda batalla necesita generales para liderar e inspirar, entonces los oficiales al mando del sector financiero podrían ser fundamentales para la guerra contra el cambio climático. Adaptarse a los efectos del calentamiento global, la mayor crisis humanitaria de nuestro tiempo, es la clave de nuestra supervivencia. Planear y financiar inversiones resistentes al clima es la única respuesta racional ante un peligro sin precedentes.

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, la construcción de puentes más fuertes y refugios para ciclones podrían ahorrar cientos de miles de millones de dólares al año en costos de reconstrucción. El Banco Mundial estima que hacer que la infraestructura sea más resistente añade alrededor del tres por ciento a los costos iniciales de construcción, pero multiplica los rendimientos por cuatro. Por lo tanto, los líderes de las instituciones financieras privadas y públicas deben mirar más allá de los próximos trimestres para planear y presupuestar a largo plazo. ¿Pero cómo?

En primer lugar, deben comprender dónde están los riesgos climáticos en el gasto público y privado. Aquí, pueden aprender de Bangladesh, que durante mucho tiempo ha sido vulnerable al aumento de la marea y tifones mortales. Desde 2014, cuando Bangladesh publicó su primer Marco Fiscal Climático, la responsabilidad del cambio climático se ha incorporado en 20 secretarías de Estado, incluidas las de agricultura, vivienda y energía, con presupuestos sincronizados. Hasta ahora ha destinado alrededor de 500 millones de dólares a medidas de adaptación, que incluyen sistemas de alerta temprana para desastres naturales, mejor seguridad alimentaria y desarrollo bajo en carbono. El gasto relevante para el clima, como la gestión de la tierra y el agua, se supervisa en todos los departamentos gubernamentales.

En segundo lugar, deben conocer la importancia de la planificación a largo plazo para crear resiliencia y presupuestar de esa manera. Cada dólar invertido en adaptación podría crear hasta 10 dólares en beneficios económicos netos, según la Comisión Global de Adaptación (Adapt Now: A Global Call for Leadership on Climate Resilience, CGA), lo que significa que las medidas de adaptación pueden ser algunas de las inversiones más rentables que un país, ciudad o empresa puede hacer.

Tomemos el Canary Wharf de Londres como ejemplo. Lo que una vez fue una zona deteriorada al este de Londres es ahora un próspero distrito de negocios gracias a la construcción de la Barrera del Támesis en la década de 1980, lo que hizo que el área fuera mucho más segura y atractiva para los inversionistas. La barrera, que protege contra las marejadas, es una defensa vital cuya importancia está aumentando a medida que se acelera el cambio climático. Dicha barrera cerró sólo ocho veces entre 1982 y 1990, pero ha sido cerrada 136 veces desde 2000.

En tercer lugar, pueden encabezar iniciativas para que el gasto y las adquisiciones respondan mejor a los riesgos climáticos. Iniciativas como el Grupo de Trabajo sobre las Revelaciones Financieras relacionadas con el Clima, que pueden ayudar a garantizar que los beneficios de las inversiones resilientes sean valorados por los mercados financieros, también deben ser apoyadas para que fomenten una mayor transparencia. Francia, por su parte, ha estado ordenando la revelación del riesgo climático para los inversionistas institucionales (http://bit.ly/2kAOQWR) desde 2015.

El impacto climático también debe incluirse en las “pruebas de estrés”, en las que los balances de las instituciones financieras se prueban contra escenarios extremos, como el calentamiento global por encima de los 2°C. Esto podría afectar la forma en que las carteras hipotecarias están expuestas a las inundaciones o cómo la sequía podría poner en peligro a las empresas alimentarias. Tales pruebas ayudarían a garantizar, por ejemplo, que los bancos tengan suficiente capital para resistir un choque sin necesidad de un rescate por parte de los contribuyentes.

El cambio climático es un problema mundial que necesita soluciones globales y la cooperación es esencial. La nueva Coalición de Ministros de Finanzas para la Acción Climática, compuesta por 20 países desarrollados y en desarrollo, ha acordado recientemente tener en cuenta el cambio climático a la hora de formular políticas macroeconómicas, planeación fiscal y presupuestación.

Sabemos que se puede adoptar un modelo de crecimiento bajo en carbono y resistente al clima. La necesidad es tajante: incluso si el mundo logra limitar el aumento de la temperatura promedio a menos de 1.5oC, los cambios catastróficos seguirán afectando nuestra seguridad alimentaria, los suministros de agua y la salud.

Debemos recuperar el sentido de optimismo de la firma del Acuerdo de París en 2015 y aprovechar la oportunidad de invertir sabiamente para crear un futuro mejor y más seguro para todos.

Meade es exsecretario de Hacienda y Crédito Público de México y Verkooijen es CEO del Centro Global de Adaptación

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