En honor a Alejandro Sobarzo†, luchador de la soberanía del Golfo de California.

Todos conocemos las terribles consecuencias por la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo de 1848: México perdió para siempre más de la mitad de su territorio, debido a Caballos de Troya y quintacolumnistas. El Tratado de la Mesilla (1853), el laudo arbitral sobre el caso del Chamizal (15 de junio de 1911), el laudo arbitral (26 de enero de 1931) del Rey Víctor Manuel III de Italia, (México perdió para siempre, en beneficio de Francia, la soberanía de la Isla de la Pasión, ahora conocida como Clipperton). No podemos olvidar la pérdida de las Islas del Archipiélago del Norte ocupadas arbitrariamente por los Estados Unidos, tampoco sabemos qué pasó con las Islas de Cayo Arenas.
 
Actualmente expongo no la pérdida de soberanía sino la reivindicación del derecho legítimo que le corresponde al Estado mexicano sobre la soberanía plena del Golfo de California, mar mexicano.
 
De acuerdo a estudios histórico-jurídicos de juristas sonorenses, entre los que destaca Alejandro Sobarzo, el Golfo de California es un mar nacional. México requiere urgentemente recursos minerales, pesqueros y turísticos, este espacio lo contiene todo con más de 200 islas, islotes, cayos y áreas naturales protegidas a lo largo de más de 1,200 km de extensión, que siempre están bajo las asechanzas de pillaje y saqueo, luchemos por ello.
 
El Estado Mexicano tiene la obligación de asumir el control y vigilancia con autoridades competentes, para controlar el tráfico marítimo, persiguiendo a bandoleros de todo tipo que organizan el contrabando y explotación furtiva e ilegal de especies como la vaquita marina y la totoaba. Será necesario contar con un plan para el desarrollo integrado por las cuatro entidades federativas (Sonora, Sinaloa, Baja California y Baja California Sur) bajo la coordinación de las universidades de la región y de la Federación.
 
Esta Península y Golfo fueron descubiertos por Hernán Cortés en el siglo XVI. Había un desconocimiento absoluto de esta región, muchos creían que era una isla, recibiría distintos nombres a lo largo de la historia, el primero fue como lo bautizó Hernán Cortés “Golfo de Cortes”, el conquistador, designó a la Península como California, probablemente la tomó de la novela Las Sergas de Esplandián, de Garci Rodríguez de Montalvo, publicado en Sevilla el 31 de julio de 1510, esta obra habla de historias fantásticas de caballería a las cuales Cortés era muy aficionado.
 
En su Cuarta Carta de Relación dirigida al emperador Carlos V el 15 de octubre de 1524, Cortés le informa haber descubierto una isla poblada de mujeres, amazonas sin varón alguno, y que en ciertos tiempos llegaban hombres de tierra firme, con los cuales tenían relaciones sexuales y quedan preñadas, era una verdadera fantasía.
 
El 3 de mayo de 1535 al medio día es la fecha en que Cortés saltó a tierra en el Puerto y Bahía de la Santa Cruz, tal vez hay una confusión entre Santa Cruz confundiéndose con la Bahía de La Paz. El capitán general Hernán Cortés toma posesión formal por primera vez y sin existir ninguna otra ocupación de la península, esta región siempre ha atraído la codicia de piratas, corsarios y filibusteros cuyas metrópolis ambicionaban apoderarse de ella. El pirata inglés Francis Drake, la llamó Nueva Albión, sin embargo, jamás tomó posesión ni estableció colonia alguna.
 
En 1565 quedó materializada la histórica ruta comercial de la Nao de China, establecida por el cosmógrafo Fray Andrés de Urdaneta en su galeón San Pablo, dando inicio al establecimiento entre oriente México y América Latina.  Esta ruta duraría más de 250 años, hasta la Primera Guerra Mundial. Esto le dio a la Península y a las aguas del Golfo de Cortés un valor estratégico, provocando una nueva ofensiva de la corona inglesa por el botín que representaba dicha ruta.


Internacionalista

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