Trump ha cumplido con muy pocas de sus cientos de amenazas internacionales y, cuando lo ha hecho, casi siempre ha dado marcha atrás, ya sean aranceles, sanciones comerciales, anexiones o aventuras bélicas. Todo indica que el mejor contrapeso de Trump ha sido su propia incompetencia. La excepción a docenas de fracasos en política exterior había sido Venezuela, al punto de ser reconocida como “un éxito resonante” incluso por algunos detractores. En efecto, los preparativos y los trabajos de inteligencia previos a la extracción de Maduro fueron extraordinarios. La CIA ejecutó con sigilo y pericia. La operación duró unas cuantas horas y tuvo un saldo blanco para el lado estadounidense. La imposición de la “presidenta encargada” no enfrentó resistencias. La expoliación de la economía venezolana, en particular su petróleo, ha generado negocios pingües para EU y los socios de Trump. Se ha reducido la capacidad de influencia de China y Rusia en América Latina y se ha eliminado su acceso a recursos naturales venezolanos. Todo un “éxito resonante”…hasta que un par de terremotos golpearon salvajemente al país sudamericano, el peor desastre natural de su historia.
Cuando Trump asumió la tutela de Venezuela pensó que sería “pan comido”, al punto que jugueteó con la idea de anexar el país a EU. Ahora debe alegrarse de no haberlo hecho. Trágicamente el número de muertos continua aumentando y así lo hará durante semanas, quizás meses. La ONU estima que podrían acumularse hasta 10 mil decesos. Una evaluación experimental de la NASA cuantifica casi 60 mil edificios afectados. Se estima que la reconstrucción costará al menos 37 mil millones de dólares solo en daños físicos directos, un tercio del PIB de Venezuela. De acuerdo con analistas económicos, la restauración de la producción e infraestructura petrolera requerirá entre 100 y 185 mil millones de dólares durante la próxima década.
Aunque no se ha convertido en el estado 51 de la Unión, el gobierno de Venezuela está sometido a EU. Para empezar, Trump es culpable de sostener al chavismo prácticamente intacto, un régimen autoritario, corrupto y muy incompetente. El estadounidense hereda, por tanto, los abusos e irregularidades que seguramente serán parte de las causales detrás de la destrucción de miles de edificios que deberían haber resistido y de la altísima tasa de mortalidad. Por si fuera poco, se acumulan testimonios de uso político de la tragedia y sobre la evidente ineptitud en los trabajos de rescate por parte del gobierno a cargo de los hermanos Rodríguez.
¿Quien manda en Venezuela?, le preguntaron. “Yo”, respondió Trump. EU tiene, por tanto, la responsabilidad moral y política de hacerse cargo de la reconstrucción del país. Pero no se trata solo de dinero. Todos los recursos serán insuficientes sin una gestión eficiente y honrada. La profundidad de la tragedia y la negligencia de la respuesta gubernamental han puesto a prueba la estabilidad política en Venezuela que Washington daba por sentada. El descontento soterrado de la población con Trump con la continuidad del chavismo se ha visto exacerbado con la tristeza de la destrucción y la muerte. Así, EU también estará obligado a mantener la paz y proteger los derechos humanos en ese sufrido país. Trump hizo la cama. Ahora tendrá que dormir en ella.
Diplomático de carrera por 30 años, fue embajador en ONU-Ginebra, OEA y Países Bajos
@amb_lomonaco
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