La presidenta Sheinbaum y parte de la comentocracia están convencidos de que las presiones para entregar narcopolíticos a EU disminuirán considerablemente si los republicanos pierden las elecciones de medio término. Por ello, mientras que los últimos esperan una o más sorpresas estadounidenses en las próximas semanas, el gobierno está concentrado en resistir hasta noviembre sin entregar a ninguno de los suyos a EU o siquiera investigarlos. La estrategia parte de un par de supuestos: que el hartazgo por la inseguridad y la colusión con el crimen organizado en México es exclusivamente republicano y que Trump presiona a nuestro país tan solo para ayudar a su partido en las elecciones de noviembre porque México es parte central de la campaña electoral. El problema es que ambas premisas podrían ser equivocadas.
La criminalidad en México y la necesidad de soluciones drásticas son de los pocos temas en los que hay creciente consenso entre republicanos y demócratas. Si bien la designación de los cárteles como organizaciones terroristas se concretó con Trump, la posibilidad se venía discutiendo años antes y se aceleró durante el gobierno de su antecesor. A algunos les sorprenderá constatar que, históricamente, la vena intervencionista ha estado más imbuida entre demócratas que en sus rivales; baste recordar que la sustracción del Mayo Zambada ocurrió durante la administración Biden. Contrario a lo que afirma la presidenta Sheinbaum, México sí es piñata pero de todos y lo es porque la mandataria ha decidido proteger a los narcopolíticos de Morena.
Por otra parte, las elecciones de medio término suelen ser en torno a temas locales. La guerra en Irán importa porque afecta directamente a los electores, particularmente con el precio de los combustibles. En contraste, México pinta muy poco. La migración desde nuestro país ya no forma parte de la ecuación y el voto latino, al que supuestamente apelaría Trump, se decantará como los demás grupos por asuntos domésticos como salud, educación y costo de vida. En pocas palabras, cuestiones del bolsillo.
Durante la segunda mitad de su segundo y último periodo presidencial los mandatarios estadounidenses se convierten en lo que en EU se conoce como lame duck o pato cojo, por su acelerada pérdida de poder. Como nos ha recordado Jorge Castañeda, libres de las presiones de las encuestas y sin posibilidades de reelección, suelen concentrarse en su legado. Con menor influencia sobre el poder legislativo, se refugian en la esfera internacional sobre la que ejercen mayor control, como ha ocurrido desde Nixon hasta Bush hijo, pasando por Reagan y Clinton, quien fue mucho más duro con México justamente al final de su presidencia. Una derrota republicana en noviembre no solo no sería un disuasivo sino posiblemente un incentivo para que Trump continúe implementado una política exterior activa, impredecible y errática, ya sin mencionar a los sicofantes que le rodean y aspiran a sucederlo. México seguramente estará ubicado en los primeros lugares de la lista de objetivos.
Nuestro país conserva algunos aliados en EU en materia comercial. En contraste, me cuesta trabajo imaginar alguna oposición significativa, demócrata o republicana, a una incursión punitiva estadounidense en México. Sheinbaum no debería sorprenderse si, al despertar el 4 de noviembre, el monstruo del trumpismo sigue ahí, acechando narcopolíticos.
Diplomático de carrera por 30 años, fue embajador en ONU-Ginebra, OEA y Países Bajos. @amb_lomonaco
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Exclusivas
Experiencias El Universal5 lugares imperdibles para disfrutar de un buen postre sin gastar de más
Experiencias El UniversalDónde comer platillos diferentes con nogada este septiembre con precios especiales
Experiencias El Universal5 beneficios de practicar escalada y dónde probarla con descuento en CDMX
Experiencias El Universal





