A veces se olvida que Clinton intentó un arreglo con Cuba un par de décadas antes que Obama. Las conversaciones se desarrollaron con la facilitación inicial del expresidente Salinas, cuando México era confiable e interlocutor legítimo para ambas partes. Iban por buen camino. Sin embargo, había poderosos sectores a ambos lados del estrecho de Florida a los que no convenía un acuerdo entre EU y Cuba. Por un lado, políticos republicanos que querían evitar una victoria de un presidente demócrata, así como algunos empresarios y medios cubano-americanos sin escrúpulos que vivían muy bien de explotar y agitar el odio a los Castro y de hacer pingües —y frecuentemente ilegales— negocios con la Isla gracias al embargo. Por el otro, apparátchiks del régimen cubano que disfrutaban de los privilegios de la clase gobernante y de jugosos negocios, sobre todo entre las filas de las fuerzas armadas. Para ellos se volvió un imperativo reventar el proceso.

Hermanos al Rescate fue fundada en 1991 por exiliados cubanos como una organización “humanitaria” dedicada a ayudar y rescatar a balseros que trataban de emigrar de Cuba y a "apoyar los esfuerzos del pueblo cubano a liberarse de la dictadura a través del uso de la no violencia”. Conformada por aviadores civiles, durante la primera mitad de los 90s llevó a cabo varias incursiones en el espacio aéreo cubano como “actos de resistencia legítima contra el gobierno”, que el régimen en la isla denunciaba como actos de terrorismo. Mientras ello ocurría, la organización fue infiltrada por dos espías cubanos, uno de los cuales era un doble agente que fungía también como informante del FBI. Con tales antecedentes, Hermanos al Rescate sería el candidato natural y Miami, epicentro de intrigas y traiciones, el lugar ideal para fraguar una conspiración para impedir un cambio al estatus quo.

Los esfuerzos de funcionarios de la administración Clinton y las continuas advertencias entre ambos gobiernos resultaron insuficientes para, en febrero de 1996, evitar una provocación y el posterior derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate por la Fuerza Aérea Cubana. Como se sabe, las acusaciones entre ambos gobiernos escalaron, unos asegurando que el derribo había ocurrido en aguas internacionales, otros que en espacio aéreo cubano. Las pláticas para un dètente entre ambos países colapsaron de inmediato y, pese a las enormes dudas sobre lo sucedido, José Basulto y sus acompañantes se convirtieron en mártires para buena parte del exilio cubano. Como constaté algunos años después como cónsul general en Miami, los duros se volvieron todavía más intransigentes y la mejor posibilidad en medio siglo para una transición pacífica en Cuba fue pospuesta indefinidamente. Familias enteras continuaron separadas por la política y un estrecho de apenas 90 millas, mientras que el pueblo cubano fue condenado a varias décadas más de carencias y abusos por parte de una dictadura.

Treinta años después la administración Trump desempolva la causa de Hermanos al Rescate. La acusación contra Raúl Castro por ordenar el derribo de las avionetas es claramente preludio de lo que sea que venga. Resulta irónico que las mismas avionetas que fueran utilizadas para impedir un cambio en Cuba ahora lo sean para propiciarlo. La temporada de traiciones vuelve con furia al estrecho de Florida.

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