Usted disculpará, estimado lector, el título de esta columna, pero no quise suavizar mi descontento acerca de este movimiento en el seno de la escudería italiana. ¿Quién toma este tipo de decisiones en Ferrari para renovar el contrato de un piloto tres años antes de que expire? Aunque esto —al menos respecto al nacido en Mónaco hace 27 años— no es nuevo.
Por un lado, es cierto que Leclerc es uno de los grandes activos de la Fórmula Uno: Rápido como pocos, casi siempre contendiente, elegante y bien parecido, lo que le permite ser imán de marcas como L’Oréal Paris (recién nombrado embajador) o Chivas Regal. Y sí, también desde que llegó a Ferrari (2019) ha derrotado (con excepción de 2021, cuando fue superado por Carlos Sainz) a todos sus compañeros de equipo, desde Sebastian Vettel, Lewis Hamilton y el propio Sainz.
También es verdad que en ocho años y 155 Grandes Premios vestido de rojo, Leclerc ha entregado ocho victorias, 52 podios y 27 poles, además del subcampeonato en 2022. Pero la amarga verdad también indica que Michael Schumacher, en su carrera número 80 con Ferrari, levantó su primer título con los italianos, entregando al final —en 180 Grandes Premios entre 1996 y 2006— la cifra de 72 victorias y cinco campeonatos mundiales consecutivos de pilotos (2000-2004), además de consolidar seis títulos de constructores para la escudería.
Lo sé, no puedo comparar a Charles con Michael, ya que el histórico alemán era parte de una máquina perfecta que iba desde Luca Di Montezemolo (presidente), Jean Todt (director de equipo), Ross Brawn (director técnico) hasta el último mecánico del equipo. Pero Schumy ejercía liderazgo, tenía un aura especial, cosas de las que —desafortunadamente— carece Leclerc, y eso no es culpa de él.
Pero entonces, ¿de quién es la culpa? Claramente de Ferrari. Me parece inverosímil que cualquier equipo de Fórmula Uno le apueste 11 años y más de 350 millones de dólares a un solo piloto que ha mostrado grietas de carácter a la hora buena, excusándolo claramente de las pifias estratégicas (casi clásicas en Ferrari) de las que Leclerc ha sido víctima, perdiendo triunfos casi en la bolsa.
En contraste, Lewis pasó 12 años con Mercedes, tiempo en el que el británico logró seis de sus siete coronas.
Podría apostar a que este año Hamilton superará a Leclerc en Ferrari y, si es así, podría venir una renovación por parte del inglés hacia 2028 (él sí está comenzando a ejercer cierto liderazgo), lo que bloquearía los asientos en el equipo por lo menos tres años, impidiendo el ascenso de pilotos jóvenes como Oliver Bearman (hoy en Haas y propiedad de la escudería) e incluso una eventual llegada de Kimi Andrea Antonelli, la estrella italiana que hoy está en Mercedes.
Si Leclerc no logra convertirse en campeón en Ferrari durante los próximos años, corre el riesgo de pasar de activo a lastre.
Once años vestido de rojo es mucho tiempo, pero 11 años sin alcanzar un solo campeonato, será lastimosamente la historia de un prolongado fracaso.
@jorgedialogante

