Los recientes anuncios sobre la renovación de pilotos como Max Verstappen (Red Bull) o Carlos Sainz (Williams), hablan —entre otras cosas— de que estos documentos tienen cada vez menos peso en el paddock, frágiles y abiertos a ser cancelados en cualquier momento, más allá de la sensación de solidez y aseguramiento a largo plazo que buscan transmitir.
La máxima categoría vive momentos de definición, buscando darle a los aficionados más espectáculo y emoción. Uno de estos movimientos es el paulatino retroceso en la motorización eléctrica, para pasar a los V8 atmosféricos en la temporada 2030, que no sólo significarían reducir costos, simplificar tecnología o aligerar los monoplazas, también recuperar ese sonido que muchos aficionados tanto extrañan.
Sin embargo, la relación entre pilotos y equipos es cada vez más complicada y los contratos hablan mucho de eso. Antaño, a veces un apretón de manos e incluso la firma en una servilleta entre directores de equipo, volantes o ingenieros, podía sellar vínculos de años, amparados bajo un documento legal. Ya en la época de Ayrton Senna o Michael Schumacher, los contratos eran tan a prueba de balas que cualquier otro equipo o el mismo volante dudaban en emprender alguna batalla legal para romperlos.
Hoy, son más que normales los anuncios de “contratos mutianuales” entre pilotos y escuderías, pero —en muchos casos— estos tienen tantas cláusulas de salida que basta una serie de malas carreras o una pésima temporada para darse por concluidos.
Por ejemplo, Red Bull anunció que Verstappen se quedará en el equipo hasta 2030, añadiendo dos años a la fecha de terminación, lo que representaría también una de las relaciones más largas en Fórmula 1: 14 campañas desde que el neerlandés arribó a RB. Esto podría romperse si Max encuentra un bajón de rendimiento significativo en el auto.
Pero Verstappen siempre volteará a donde esté el mejor monoplaza y su contrato literalmente le da alas para irse a donde le plazca.
En Williams, las cosas parecen ir en el mismo sentido. Por un lado, fue hasta sorpresivo que —luego de que ambas partes se dijeran inconformes con sus respectivos rendimientos— también confirmaran una extensión en su relación hasta 2028 y, más allá, con mejora salarial para el piloto madrileño.
Quedan cada vez más lejos esos pilotos que, con sólo mencionar sus apellidos, eran sinónimo de escuderías, como Villenueve o Schumacher a Ferrari, Prost y Senna a McLaren, Hamilton a Mercedes, o paradójicamente el mismo Verstappen a Red Bull. Donde esté la oportunidad de tener un mejor auto o piloto, siempre será bueno, y un contrato no blinda a nadie.
@jorgedialogante
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