Hablo de Mariúpol, la ciudad-martirio de Ucrania, que tenía 450 mil habitantes el 24 de febrero de 2022, cuando Vladímir Putin lanzó su asalto general sobre Ucrania. Mariúpol significa “ciudad de María”; ahora los rusos la llaman Putingrad, la ciudad de Putin. ¿Qué pasó? A primeras horas del fatídico 24 de febrero, las fuerzas rusas intentaron apoderarse rápidamente del gran puerto y centro industrial. Mariúpol presentaba un enorme interés estratégico, siendo vital para las exportaciones e importaciones ucranianas; tomarlo significaba establecer la continuidad territorial con la península de Crimea, anexada en 2014, y, posteriormente tomar Odesa y todo el litoral del Mar Negro. Pudimos seguir en directo su fracaso inicial que los obligó a un largo y mortífero sitio de tres meses, hasta el 20 de mayo de 2022, cuando los últimos combatientes del regimiento Azov, atrincherados en el gigantesco sitio metalúrgico de Azovstal, recibieron de Kyiv la orden de rendirse, después de un mes de tenaz resistencia.
¿Por qué volver a la primavera de 2022 en Mariúpol? Por la publicación de un libro por un periodista, James Verini, que estaba presente en la vecina ciudad de Zaporizhyia cuando empezaron a llegar los refugiados de Mariúpol: The Theater. Courage and Surviving in the Defining Atrocity of the Ukrainian War. El título, “El Teatro”, anuncia el estudio de un episodio muy representativo de la naturaleza de la guerra llevada por Rusia, una guerra terrorista, una guerra total. El Teatro era un edificio de estilo neoclásico, corazón de la ciudad, sitio de la compañía teatral de la provincia de Donetsk. Cuando las fuerzas rusas empezaron el bombardeo masivo de la ciudad, cientos de personas se refugiaron con muchos niños en el Teatro. En letras gigantescas, en ruso, pusieron de manera muy visible, dos veces la palabra NIÑOS. El 16 de marzo un avión ruso lanzó una bomba equivalente a 1,200 kilos de TNT. Hasta la fecha no se sabe cuántas murieron entre las mil personas que se amontonaban en el edificio: de 50 a 200. Dos años después, Verini entrevistó a sobrevivientes dispersos en Ucrania y en Europa. Conozco personalmente gente de Mariúpol que ahora vive en Irlanda. Una mujer cuenta cómo su madre recordaba la entrada a Mariúpol del ejército nazi en 1941; algún día contará a sus hijos o nietos la entrada del ejército ruso en 2022.
Paradoja: la ciudad de María era la más rusófona y rusófila de Ucrania hasta 2014, cuando las cosas empezaron a cambiar con la toma de la ciudad de Donetsk por los separatistas y el ejército ruso. El gobierno provincial y los habitantes que huían de la ocupación ruso se instalaron en Mariúpol, cambiando totalmente el ambiente. En 2014, los separatistas se habían brevemente apoderado de la ciudad, pero duraron muy poco porque la misma población los corrió. Moscú no había olvidado ni perdonado, por eso el castigo fue tan atroz. Seguí el sitio día tras día, en la televisión y en las redes. Ahora disponemos de documentales, como “Veinte días en Mariúpol” (2023) del ucraniano Mstyslav Chernov, “Mariúpol: Unlost Hope” de Maksim Litvinov, y “Mariúpol: la identidad robada” (2026, canal Arte). Cuando empezó la batalla, los ucranianos tenían sólo 5,500 soldados de varias unidades muy diversas; los rusos empezaron con 20 mil de infantería. Su aviación era dueña absoluta de los aires, y su artillería de largo alcance, tanto terrestre como marítima, empezó a machacar la ciudad. Al final del sitio, el 90 por ciento de los edificios quedaron en ruinas y se estima a 20 mil el número de los muertos civiles.
Hoy, la ciudad merece su sobrenombre de “Ciudad Putin”, porque vive bajo control militar y político ruso. 300 mil de sus 450 mil habitantes huyeron; los que se quedaron deben tomar pasaporte ruso para poder sobrevivir entre decenas de miles de colonos rusos que apoyan la rusificación a ultranza. Se repite lo que hizo Stalin en 1945.
Historiador en el CIDE

