Un monarca, alejado de sus huestes, suele terminar mal

Javier Vargas

Es lo que ocurre con el rey del ajedrez quien, si no es protegido por sus piezas y peones, queda a merced del enemigo

El rey es la pieza del ajedrez que tiene valor absoluto, puesto que si es capturado, la partida se pierde.

Desde la simbología, los monarcas personifican el orden, el progreso y la presencia divina en la tierra. En el subconsciente popular, encarnan el anhelo de poder, la cohesión social e incluso valores espirituales.

Su deber es garantizar el orden, promover el bienestar y preservar la paz. Por eso sus distintivos son la espada, arma de lucha contra el mal; la balanza, símbolo de orden y justicia; y la corona, emblema del poder.

La sociología considera a los soberanos como guías benefactores, pero si se corrompen o devienen en tiranos, son repudiados por su pueblo. La historia testimonia que hay monarcas que reinan pero no gobiernan.

Es lo que ocurre con el rey del ajedrez quien, si no es protegido por sus piezas y peones, queda a merced del enemigo. En la vida y en el tablero, los monarcas que se alejan de sus huestes suelen terminar mal, incluso ser destronados y morir trágicamente. 

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Partida. En esta batalla, el rey negro es expulsado de su enroque, separado de sus tropas y llevado directamente al cadalso.
Blancas: Edward Lasker
Negras: George Thomas
Londres, 1912. Defensa holandesa.
1.d4 f5 2.e4 fxe4 3.Cc3 Cf6 4.Ag5 e6 5.Cxe4 Ae7 6.Axf6 Axf6 7.Cf3 0–0 8.Ad3 b6 9.Ce5 Ab7 10.Dh5 De7 11.Dxh7+ Rxh7 12.Cxf6+ Rh6 13.Ceg4+ Rg5 14.h4+ Rf4 (Diagrama. El monarca negro ha sido alejado de sus piezas para llevarlo al patíbulo) 15.g3+ Rf3 16.Ae2+ Rg2 17.Th2+ Rg1 18.Rd2, jaque mate. 1-0.

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