“El hombre prudente jamás deplora el mal presente”

Javier Vargas

El ajedrez exige lucidez y cautela, aptitudes que ayudan a discernir con tino, prudencia y sensatez

El ajedrez exige lucidez y cautela, aptitudes que ayudan a discernir con tino, prudencia y sensatez. En política y en el tablero, estas cualidades pueden ser la fuerza de los débiles. En su tiempo, el poeta latino Horacio (65 - 8 a.C.) advirtió: “La fuerza que no va guiada por la cautela, cae por su propio peso”.

Incluso, según el poeta inglés William Shakespeare (1564-1616), “El hombre prudente jamás deplora el mal presente; lo emplea en prevenir aflicciones futuras”.
 

Desde el juego ciencia, el excampeón mundial Garry Kasparov, en su libro Cómo la vida imita al ajedrez recuerda: “Antes de la partida debía decidir si jugar cautelosamente o ir directamente por la victoria. Librar todas las batallas con la frase ‘victoria  o muerte’ en los labios sería algo heroico, pero ni en la vida ni en el ajedrez suelen darse situaciones tan críticas  como la defensa del Álamo cuando se pronuncia dichas palabras”. Es más, el pensador Confucio (551-479 a.  C.) opinó: “Los cautos rara vez se equivocan”.

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