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La otra epidemia: autoritarismo y extremismo en la era del Covid-19

Javier Martínez Mendoza

La actual crisis precipitada por la pandemia del virus Covid-19 ha provocado una disrupción económica, política y social alrededor del mundo. Mientras la emergencia continua, ya se discute de manera cotidiana y en diversos entornos el impacto que tendrá a futuro y cómo la vida como se conocía antes, la normalidad, cambiará para siempre. Sin embargo, desde ahora es posible identificar los efectos inmediatos del virus en el esparcimiento de otra epidemia: la ola de autoritarismo y extremismo en diversas sociedades.

Este fenómeno no es nuevo. Previo a la pandemia, la polarización agudizada a lo largo de los últimos años debido al impacto de crisis económicas, humanitarias y sociopolíticas, así como de guerras, ha abierto la puerta a diversos movimientos políticos que buscan aprovechar esta atmósfera de división para promover su agenda y llegar al poder. Estos grupos, caracterizados por una narrativa extremista que, bajo lógicas de “nosotros contra ellos” culpan de las desigualdades y frustraciones de la ciudadanía a los valores liberales y progresistas que se han difundido gracias a la globalización. Bajo diversos argumentos, logran vincular el desprecio a estos valores con minorías o grupos sociales a los que buscan estigmatizar para promover políticas antiliberales y autoritarias, y así normalizar discursos de odio en la sociedad.

Por medio de campañas de desinformación, discursos y retórica divisivos, y haciendo uso de la misma democracia liberal a la que critican, figuras y partidos políticos extremistas y con tintes autoritarios y populistas han llegado al poder, formado parte de coaliciones gobernantes, o impulsado a líderes políticos afines. De las facciones extremistas, las que mayor crecimiento han logrado en los últimos cinco años han sido aquellas de extrema derecha, identificadas como ultraconservadoras, ultranacionalistas, supremacistas y/o xenófobas. Entre sus hitos alcanzados hasta ahora y alrededor del mundo, destacan la pérdida de autonomía judicial y libertad de prensa en Polonia bajo el gobierno de Ley y Justicia (PiS), las políticas antiinmigración promovidas por la Liga (antes LigaNorte) cuando cogobernaba en Italia, la contribución de grupos de extrema derecha para el éxito de Brexit y la victoria de Donald Trump, así como la llegada del nostálgico de la dictadura brasileña, Jair Bolsonaro, a la presidencia, y el apoyo tácito de Narendra Modi al ultranacionalismo hindú en India.

Ahora bien, en la coyuntura de la pandemia del Covid-19, la amenaza autoritaria está más presente que nunca. Incluso en democracias liberales gobernadas por partidos moderados, la crisis ha obligado a sus mandatarios a promover estados de emergencia que han limitado libertades con tal de hacer frente a la pandemia, y han causado controversia e inquietud en la sociedad. Mientras tanto, democracias frágiles o países gobernados por movimientos extremistas o autoritarios han aprovechado la crisis para aferrarse al poder, atribuirse más facultades y avanzar su agenda política.

En ese sentido, en países como China, Turquía y Tailandia sus gobiernos han intensificado su campaña contra el periodismo libre y el activismo social, expulsando corresponsales internacionales y persiguiendo a aquellos periodistas y figuras públicas que advierten sobre los reveses del gobierno durante la emergencia sanitaria. Por otra parte, Ilham Aliyev, presidente de Azerbaiyán por más de 16 años, juró “destruir” a los enemigos del país durante la pandemia, aprovechando la pandemia para arrestar a opositores de su gobierno. Otro caso digno de rescatar es el de Filipinas, donde Rodrigo Duterte permite a las fuerzas de seguridad disparar contra civiles que violen la cuarentena. La pandemia ha permitido a este tipo de gobernantes justificar la prohibición de protestas contra sus gobiernos, como es el caso de Rusia y Argelia, además del hostigamiento a minorías como los uigures en China o los musulmanes en India.

La oportunidad presentada por la pandemia también ha sido aprovechada por líderes autoritarios identificados con la extrema derecha. El déspota primer ministro húngaro Viktor Orbán, quien por más de diez años ha promovido una agenda opuesta a la migración, a las organizaciones de la sociedad civil y a las libertades fundamentales, promovió un estado de emergencia que le permite ahora gobernar por decreto. En lugar de usar estos poderes extraordinarios para enfrentar la crisis, ha cancelado elecciones y avanzado sus políticas anti-derechos; al tiempo que se escriben estas líneas, en Hungría se está anulando el reconocimiento a la identidad de las personas transexuales. Otros líderes de extrema derecha como Bolsonaro han cuestionado la veracidad de la pandemia, obstaculizando toda respuesta oportuna de su gobierno a la emergencia y poniendo en riesgo la vida de cientos de miles de personas en su país con su negligencia.

Por otro lado, el extremismo también se ha aprovechado de la crisis causada por el Covid-19 además del autoritarismo político. Grupos terroristas como el Estado Islámico han llamado a sus seguidores a hacer uso de la emergencia para planear y perpetrar ataques terroristas. En el caso de la extrema derecha, diferentes grupos y figuras públicas han hecho uso del encierro y el estado de alerta bajo el que se hallan millones de personas alrededor del mundo para en sus respectivos países exponerlos a contenido extremista, noticias falsas y una variedad de teorías de conspiración que no solo buscan negar la existencia de la pandemia, sino atribuir la crisis a determinadas minorías, personas, países u organizaciones para así avanzar sus discursos de odio.

Entre estas teorías de conspiración, todas falsas, se encuentras las que culpan a George Soros, Bill Gates, así como a científicos chinos o estadounidenses. Además, estas noticias falsas también han apuntado al servicio 5G como propagador del virus, o tergiversado discursos ambientalistas para reivindicar narrativas extremistas. Por ejemplo, en Reino Unido se han reportado casos de civiles destruyendo infraestructura 5G, o panfletos falsamente publicados por la Rebelión de la Extinción (movimiento ecologista) para justificar la aniquilación de la humanidad. De igual forma, en Estados Unidos y Brasil, diversas agencias de noticias falsas y grupos supremacistas blancos han refutado la existencia del Covid-19 y han incitado a la gente a violar la cuarentena, exponiéndolas a contagiarse y a normalizar discursos divisivos.

El mayor peligro, no obstante, de el esparcimiento de estos discursos y noticias extremistas, es que incitan al odio y a la acción. Desde que inició la epidemia, los crímenes de odio contra poblaciones asiáticas, minorías, inmigrantes, musulmanes y judíos alrededor del mundo y especialmente en Occidente aumentaron de manera alarmante. Canadá sufrió el mayor tiroteo en su historia en el contexto de la pandemia, y cabe destacar que estuvo inspirado en reivindicaciones de extrema derecha. Dentro de las facciones de extrema derecha, la que más peligro causa durante la pandemia son los “aceleracionistas”, que quieren retratar esta pandemia como una situación apocalíptica que anuncia el inicio de una guerra entre civilizaciones por la supervivencia de las poblaciones blancas, por lo que buscan inspirar crímenes de odio y ataques terroristas en este clima de emergencia mundial.

La pandemia del Covid-19 se ha convertido en una prueba histórica para la capacidad de la comunidad internacional y la humanidad en sí de unirse en la distancia, de ser empáticos y apoyarse los unos a los otros. Sin embargo, esta crisis ha evidenciado los esfuerzos de grupos y personas por dividir y aprovechar la emergencia para promover agendas de odio y autoritarismo. Es importante cerrar filas dentro de nuestra sociedad y entre las diferentes naciones para erradicar no solo el virus del Covid-19, sino aquel del extremismo y el autoritarismo.

@javivi_mar

Javier Martínez Mendoza es internacionalista y estudiante de la Maestría Erasmus Mundus en Seguridad, Inteligencia y Estudios Estratégicos, por las universidades de Glasgow, DCU y Carolina de Praga, con una concentración en Estudios de Conflictos. Ha sido consultor en estrategia económica y comunicación política. Pertenece al Programa de Jóvenes de COMEXI desde 2015. Se especializa en temas de democracia, extremismo y radicalización.

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