Las fotografías de Paulina Lavista pueden parecer azarosas y espontáneas, importan, sin embargo, hallazgos evidentes del devenir cotidiano. Con naturalidad, sin afectaciones, acaso distraídamente, no deja de advertir momentos consuetudinarios que revela peculiares por medio del rigor fotográfico que hace parecer simple y evidente.

Con un sentido del humor cómplice inevitablemente, juega con las imágenes de los momentos que capta con intuición certera en su incesante contemplación aguzada, las cuales pueden conjuntarse de formas varias. Cada fotografía sugiere historias posibles; a veces inminentes, a veces hubieran podido ocurrir, a veces es un presente. En Temáticas en blanco y negro, la exposición que mantiene en la Galería 526 del Seminario de Cultura Mexicana, Paulina Lavista entrecruza algunas fotografías y las historias que sugieren para conformar otras historias posibles. Entre las que propone se hallan las que pueden cifrarse en un poema de Sir Walter Raleigh traducido por Salvador Elizondo: “Teatro de la vida”.

Paulina Lavista también ha indagado la historia que adopta como principio uno de los momentos que ha captado, al aguardar con curiosidad el momento posterior, que la induce a captar el momento siguiente, de los que se derivan historias peculiarmente cotidianas: un hombre en un muelle en el que está atracado un barco que tira basura al mar, el disturbio y la reconciliación de unos novios en un parque, un hombre que no logra dominar a sus maletas varias en una estación de tren. En esas historias dadas, que Lavista ha considerado Fototextos, cada fotografía tiene un sentido independiente al que le otorga a la secuencia.

La mirada inquieta y certera de Paulina Lavista también descubre instantes del devenir de la naturaleza, como un ave que parece detenida en el vuelo confundiéndose con el cielo, como sus fotografías íntimas de los ajolotes, como las formaciones posibles de una rana. Algunas de ellas se revelan como Fototextos: “pájaros en el alambre”, como se dice, que proponen pautas musicales y las formas que adquieren las parvadas.

En retratos que ha logrado durante decenios, Paulina Lavista no deja de revelar en un instante algo significativo de distintas personas. Se trata de retratos hechos de composiciones y circunstancias diversas que descubren rasgos de la naturaleza de los retratados; algunos de ellos, como Octavio Paz, como Juan Rulfo, como Salvador Elizondo, han sido fotografiados por ella en circunstancias y tiempos distintos sugiriendo inexorablemente esbozos de historias personales que no se reducen a gestos.

Sutilmente, en sus fotografías, Paulina Lavista revela y recrea espacios, como en el retrato de Borges en las pirámides de Teotihuacán, que también determinan momentos de una representación ritual japonesa; como en el retrato de Pilar Pellicer en su departamento de los Edificios Condesa entre sombras, luz y una perspectiva de ventanas; como lo que ocurre en una calle, en un parque, en una escalera que pretende bajar un hombre al que el tiempo obliga a ayudarse, entre otras cosas, de un bastón. A veces se detiene sólo en el espacio para descubrir íntimamente una ventana, algo del principio y el fin de una escalera en la que la luz encuentra un rincón o los muebles de un salón familiar en cuya cortina se detiene suavemente el viento.

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