Quizá en mayo de 1953 hubo quien recordó que hacía no mucho, en el teatro nocturno de la estación Rot-Weiss-Rot de Austria, había oído una obra raiofónica: Ein Geschäft mit Träumen (Un negocio con sueños), escrita por Ingeborg Bachmann, que se transmitió un par de veces en febrero y marzo del año anterior.
Aquella primavera de 1953, Ingeborg Bachmann recibió el Premio del Grupo 47, que se reunía un par de veces al año, convocados por Hans Werner Richter, para leer textos y ensayar una crítica de ellos; entre los escritores conjurados sa hallaba Heinrich Böll, Wolfdietrich Schnurre, Günter Eich, Hans Magnus Enzesberger, Günter Grass.
Ingeborg Bachmann colaboraba en la estación Rot-Weiss-Rot de la que también fue redactora. El viernes 25 de marzo de 1955 se estrenó su obra radiofónica Die Zikaden (Las cigarras) con música de Hans Wernes Henze y en enero de 1957, cuando vivía otra vez en Roma, a pesar de su reserva, confesó que escribía una obra radiofónica que quizá se llame Manhattan-Ballade (Balada de Manhattan). “Se trata de una historia de amor como las de las baladas. En ella he tratado de captar el ser de Manhattan, misterioso como el de todas las grandes ciudades. El carácter ilimitado de las apariencias y los hechos”.
Aunque no fue invitada a los ensayos, el jueves 29 de mayo de 1958 se transmitió en la NDR Hamburg y en la BR München esa obra con el nombre Der gute Gott von Manhattan (El buen Dios de Manhattan) dirigida por Fritz Schröder y música de Peter Zwettkoff. Bachmann decía que sólo había oído “una versión y una vez la mitad de otra distinta. Realmente no la pude apreciar muy bien”, y a pesar de que creía que una obra radiofónica “sólo puede ser oída”, como Die Zikaden, se convirtió en libro.
Cuando recibió el premio del Grupo 47, Ingeborg Bachmann no había publicado ningún libro. En el otoño de ese año, Frankfurter Verlag publicó los poemas que había leído en aquel encuentro en un volumen: Die gestundete Zeit (El tiempo postergado).
Tres años antes se había doctorado en la Universidad de Viena con una tesis que, según ella, “tiene el monstruoso título de” Die kritische Aufnahme der Existentialphilosophie Martin Heidegger (La recepción crítica de la filosofía existencial de Martin Heidegger). Sin embargo, reconocía que el encuentro intelectual “más importante para mí fue el que tuve con la obra del filósofo Ludwig Wittgenstein, quien redujo el problema de la filosofía al problema del lenguaje”.
También la poesía de Ingeborg Bachmann procede de la indagación obsesiva de las palabras, en las que puede revelarse algo de lo que sospechamos que es la verdad. En otoño de 1956, Piper Verlag publicó su libro de poemas Anrufung des Grossen Bären (Invocación a la Osa Mayor), que no prescinde de tratados medievales sobre las constelaciones y en el que “las praderas y los bosques que se invocan allí en realidad no aluden a un paisaje sino que corresponden a un territorio del lenguaje”.
Deliberadamente, Ingeborg Bachmann dejó de escribir poesía. “Dejé de escribir poesía cuando me asaltó la sospecha de que ‘podría’ escribir poemas aún si me faltara esa compulsión a escribirlos”.
En una entrevista con Joachim von Bernstoff en junio de 1953 confesó que había escrito “un par de cuentos, también una novela, pero después la tiré”. En abril de 1961 publicó un libro de prosa editado en 1986 por Edhasa en español, traducido por Margarita Fontseré como A los treinta años, y en 1971 publicó una novela largamente concebida: Malina.
Se dice que Ingeborg Bachmann era una mujer tímida, silenciosa, sigilosa, huidiza, inexorablemente lúcida. No ha dejado de propiciar misterios y leyendas. Nació el viernes 25 de junio de 1926 en Klagenfurt; hace 100 años.
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