El resultado electoral de los comicios del domingo fue tan contundente como sorprendente. El Movimiento al Socialismo (MAS), partido de Evo Morales, alcanzó más del 50%, casi como en sus mejores años. Se esperaba una victoria, pero estaba en duda si lograría el porcentaje necesario para evitar la segunda vuelta. Sólo los más optimistas militantes proyectaban tal resultado.

Ahora queda claro: Luis Arce Catacora será el nuevo presidente. Pero juega con nueva baraja. Hasta hoy, el MAS gobernó con tres compañías fundamentales: una economía favorable por múltiples factores; el control total de la Asamblea Legislativa Plurinacional y la sólida presencia del liderazgo caudillista de Evo Morales que, por un lado, ordenaba la casa sin permitir exabruptos internos, y, aunque generaba rechazo en un sector importante, por otro lado representaba un peso político indiscutible. El desafío de Arce no será menor.

La economía boliviana está seriamente afectada, tanto por una mala previsión de su antecesor como por la crisis sanitaria mundial. Seguramente se verá obligado a devaluar el peso y establecer medidas de poco respaldo popular para equilibrar las finanzas.

Además, al no tener mayoría, para legislar tendrá que negociar con los representantes parlamentarios de dos nuevas fuerzas: Comunidad Ciudadana (que se estima tendrá 30% de respaldo) y Creemos (15% aproximadamente). La política volverá a la Asamblea, dejará de ser una extensión del presidente —y su sindicato cocalero— acostumbrada a acatar las resoluciones sin cuestionar ni discutir.

En lo interno, Luis Arce tendrá que optar respecto de las dos orientaciones en el MAS: seguir con la política dura, excluyente, beligerante y autoritaria de Morales y su entorno, o apoyarse en las fuerzas autocríticas, pluralistas y democráticas de otros sectores. El dilema de sacudirse el fantasma de Morales o actuar bajo su sombra le traerá duras consecuencias.

Y entre todo ese panorama, deberá lidiar con la pandemia que, si bien actualmente ha disminuido su impacto, es previsible un rebrote en cualquier momento.

Bolivia sale de un periodo muy duro de inestabilidad y confrontación. La jornada del domingo fue la ocasión para resolver una sucesión en el marco de la democracia y el respeto de las reglas. Todos los actores jugaron a la democracia, a diferencia del año pasado, cuando la sospecha bien fundada de fraude fue tan grande que implicó la anulación de las elecciones, el autoexilio de Morales y su victimización, y la construcción del relato de un golpe de Estado que nunca sucedió pero que le permitió mostrarse al mundo como una víctima. A pesar de todo, ahora ganó la democracia. Le corresponde a Arce salvar los desafíos piloteando un país con reglas claras, promoviendo la unidad y no la venganza. ¿Lo podrá hacer? La moneda está en el aire.

Investigador titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autónoma deMéxico (UNAM)

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