Irán, Cuba y México tienen algo en común: han sido incluidos en el menú de intervenciones de Washington por la opinión pública internacional. Esta sospecha parte de hechos, órdenes ejecutivas y disposiciones de diversas dependencias del gobierno de Estados Unidos, así como del discurso de la Casa Blanca. Con las elecciones intermedias a la puerta, aumenta la tentación de cambiar a objetivos más rentables, acciones en la isla cubana o en tierras mexicanas.
Los iraníes ya están en medio de una guerra, los cubanos con la bandera izada y los mexicanos como el puercoespín frente al oso, como diría el embajador Davidow. Las injerencias no han venido del derecho internacional, sino de miedos al terrorismo, zonas de influencia, fentanilo y oleadas de migrantes. Las quejas contra iraníes, cubanos y mexicanos, aunque son muy distintas, se encuentran con la seguridad nacional “americana”.
Los resultados no han salido bien para EU en la guerra contra Irán, que no puede ser atacado con contundencia, sin afectar los intereses estadounidenses y los mercados globales de energía, alimentos y finanzas. Los iraníes influyen en el comercio petrolero mundial y ganan cierto respeto con su programa nuclear. Pero su as bajo la manga es el paso del Estrecho de Ormuz, donde aprendieron que es más importante controlar la aduana, que ser dueño de la gasolina. Otros países orientales que han entendido bien a Estados Unidos son Arabia Saudita y China. Han sabido ganar cuando se les abre la puerta y negociar bien cuando se les cierra.
Cuba y México no pueden bañarse dos veces en el mismo río, la sociedad estadounidense es otra. Los liderazgos se han replanteado, hubo un precandidato presidencial de origen indio, hay alcaldes chinos y puede haber un presidente cubano-americano. Tanto republicanos como demócratas acotan la migración y el narcotráfico. Las batallas diplomáticas no sólo se libran en Washington, sino en la provincia, con los electores de Florida, Arizona, Pensilvania, Wisconsin o Nevada. Ahí se oponen a la guerra con Irán o discuten las drogas mortales.
Cuba está en el menú de incursiones por nuevas razones. Los asechos soviéticos o militares se han vuelto viejos entre los votantes. Pero persiste la cercanía geográfica con Florida. Se añade la crisis económica y alimentaria que vive la isla, con la posibilidad de un éxodo masivo, de millones de personas, que podría sacudir al territorio de la Unión. Y finalmente, la comunidad cubano-americana se encuentra empoderada y exige un cambio de régimen.
La ventaja de México frente a los otros “países erizados,” más que ser socio de EU, es que tiene voz en la Unión Americana. Puede actuar y borrar su nombre de la lista de intervenciones, si no por la fuerza, sí con el poder suave. Esa batalla se libra en la opinión pública de EU, no en la Casa Blanca.
Es momento de ser creativos, escuchar a fondo —en inglés— lo que incomoda a los estadounidenses que rechazan a los migrantes mexicanos. Hay que salir de Nueva York, Los Ángeles y DC; la mayoría de los hogares de EU tiene poca información real de los problemas bilaterales de seguridad y comercio. La comunicación amplia, desde lo local, no sacará a los problemas mexicanos de las mentes estadounidenses de un solo golpe, pero sí puede quitar el dedo del gatillo a mediano y largo plazo.
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