La evidencia científica muestra que México no sólo se está quedando rezagado en su compromiso de reducir las emisiones de metano, sino que continúa apareciendo entre los principales emisores identificados en estudios y sistemas internacionales de monitoreo satelital. Las emisiones provienen tanto del sector petróleo y gas como del manejo de residuos, particularmente de fugas en infraestructura energética y de rellenos sanitarios.
Investigaciones recientes basadas en observación satelital ubican a México entre los países con mayores emisiones derivadas de infraestructura petrolera y gasífera, particularmente por fugas, venteo y quema ineficiente de gas. Esto coloca a nuestro país en la lista de los denominados “super emisores” a nivel mundial. Más recientemente, los sistemas internacionales de monitoreo también han identificado a los rellenos sanitarios como una fuente creciente y persistente de emisiones de metano a nivel global.
El tema no es menor. En el año 2021, en el marco de la Conferencia de las Partes (COP26) del la Convenio Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), celebrada en Glasgow, Escocia, nació el Acuerdo Global de Metano (Global Methane Pledge) como una respuesta internacional a la creciente preocupación por la relación que existe entre las emisiones de metano y la emergencia climática.
El metano es un gas de efecto invernadero (GEI), con un potencial de calentar el planeta hasta 84 veces mayor que el dióxido de carbono (CO2). La buena noticia es que, a diferencia del CO2 que perdura durante siglos, el metano se descompone en la atmósfera en un lapso de 10 a 12 años. Por ello, los científicos consideran que reducir rápidamente sus emisiones es una de las medidas más efectivas para frenar el calentamiento global en el corto plazo.
Ante esta urgencia, la comunidad internacional ha destinado recursos significativos para generar información científica y desarrollar tecnologías capaces de identificar a los llamados “super emisores”: instalaciones o regiones responsables de emisiones masivas de metano.
Uno de los esfuerzos más relevantes es el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO, por sus siglas en inglés), organismo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que opera la plataforma Methane Alert and Response System (MARS). Este sistema integra datos de más de 30 satélites para detectar grandes fugas de metano y alertar a los gobiernos y operadores responsables para que adopten medidas inmediatas de mitigación.
De acuerdo con MARS, hasta la fecha se ha logrado identificar y confirmar la mitigación de 41 fuentes importantes de metano en el mundo. En conjunto —apunta—, estas emisiones habrían liberado alrededor de 1.2 millones de toneladas de gas, un impacto climático comparable al generado por 24 millones de automóviles de combustión circulando durante un año.
En el caso de México, nuestro país se adhirió en el 2021 al Acuerdo Global de Metano y con ello asumió el compromiso de contribuir a la meta internacional de reducir en un 30% para el año 2030 las emisiones globales de metano generadas por el ser humano. Sin embargo, de acuerdo con la información del IMEO, México se encuentra en la lista de los 50 “super emisores” (50 Top Emitters); esto es, los países que generan mayores emisiones de metano a nivel mundial.
La plataforma Eye on Methane, desarrollada por IMEO, incorporó recientemente una función que identifica mensualmente las 50 principales fuentes persistentes de metano y, por primera vez, estima sus emisiones anuales. El documento incluye en el top de emisiones las provenientes de dos rellenos sanitarios en México. Asimismo, en enero de este año, IMEO identificó al campo Zaap —parte del complejo Ku-Maloob-Zaap operado por Petróleos Mexicanos (Pemex) en el Golfo de México— como la principal fuente emisora registrada en la base de datos de MARS. Este complejo offshore se localiza a unos 105 kilómetros de Ciudad del Carmen, Campeche, y constituye uno de los activos petroleros más importantes del país.
México cuenta con un punto focal gubernamental, encargado de recibir y atender las alertas de “super emisiones” enviadas por MARS. Aunque la plataforma permite conocer si el gobierno respondió a las notificaciones, sigue siendo difícil acceder a información detallada sobre las acciones implementadas y sobre si las fugas fueron realmente resueltas de manera definitiva. La falta de transparencia de Pemex continúa siendo un obstáculo importante.
Por otra parte, la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) publica anualmente el Rastreador Global de Metano (Global Methane Tracker), uno de los principales reportes sobre emisiones de metano en el sector energético. Su edición 2026 no arroja datos optimistas, pues indica que las emisiones globales de metano relacionadas con la energía no disminuyeron en 2025 y que alrededor del 70% de las emisiones de metano fósil provienen de 10 países únicamente.
El concepto de “intensidad de metano” —es decir, la cantidad de metano emitida por unidad de petróleo o gas producido— se ha convertido en uno de los principales indicadores para evaluar el desempeño climático de la industria. La IEA señala que, aunque algunos países y empresas han reducido su intensidad de metano desde 2019, persisten grandes diferencias regionales y muchos productores aún se encuentran lejos de las mejores prácticas internacionales.
En el caso mexicano, aunque las emisiones totales reportadas son menores que las de otros grandes productores, la intensidad de metano —o el nivel de desperdicio y fugas asociado a cada barril de petróleo o pie cúbico de gas producido— resulta superior a la de varios de sus socios comerciales en la región.
Es así que, aunque México ha anunciado regulaciones y programas para controlar emisiones fugitivas de metano provenientes de hidrocarburos y de residuos, así como para mejorar la medición en la cadena de petróleo y gas, la evidencia científica muestra que aún existe una brecha considerable entre los compromisos climáticos asumidos y la reducción efectiva de emisiones.
Reducir metano es nuestra “llave maestra” para desacelerar el cambio climático en el corto plazo. Más que un gasto, se trata de una inversión con impactos inmediatos para la estabilidad climática y la salud pública.
¿Acaso México se dará el lujo de quedarse atrás en esta carrera global?
*Por Gustavo Alanís Ortega, fundador y director ejecutivo del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) y Margarita Campuzano, directora de Comunicación del CEMDA.
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