Hay una lección que deberíamos aprender de las redes sociales: un dato sin contexto puede informar y desinformar al mismo tiempo.
En días recientes circula una gráfica que coloca a México entre los países con mayor consumo de cannabis, con una cifra de 2.1%. El número llama la atención, pero antes de convertirlo en argumento conviene hacer algo poco frecuente en redes sociales: revisar el contexto.
Ese 2.1% corresponde a la ENCODAT 2016-2017 y representa el consumo de cannabis psicoactiva durante el último año entre la población de 12 a 65 años. No es, por tanto, un dato reciente ni puede utilizarse automáticamente para construir un ranking mundial. Las encuestas de distintos países pueden corresponder a años, poblaciones y metodologías diferentes.
Una gráfica cabe en una publicación. La realidad, no. El problema no es que las redes sociales difundan datos. El problema es que muchas veces los datos circulan sin fecha, fuente ni metodología. Una cifra aislada puede informar, pero también puede desinformar.
Y el dato mexicano sí dice algo importante. La prevalencia anual de consumo de cannabis psicoactiva pasó de 0.6% en 2002 a 1.2% en 2011 y 2.1% en 2016. La ENCODAT 2025 reporta 2.5% para la población de 18 a 65 años. Las cifras no deben compararse mecánicamente, pero sí muestran que el cannabis forma parte de una realidad que México no puede seguir ignorando.
Y aquí está el punto central: una industria no se construye solamente contando consumidores.
Según Naciones Unidas, alrededor de 256 millones de personas consumieron cannabis en 2024, lo que mantiene a esta sustancia como la droga de mayor consumo en el mundo.
Pero la conversación internacional ya es mucho más amplia.
Hoy se habla de investigación científica, medicamentos, cannabinoides, genética vegetal, cáñamo industrial, cosméticos, alimentos, fibras, materiales de construcción, tecnologías de extracción y trazabilidad.
Mientras otros países desarrollan estas cadenas de valor, México sigue atrapado demasiadas veces en una pregunta demasiado pequeña: ¿legalizar o no legalizar la cannabis?
Regular también es proteger.
Existe otra razón para dejar atrás los prejuicios: la salud pública.
En redes sociales también circulan advertencias sobre productos adulterados con cannabinoides sintéticos. La preocupación es válida, aunque sería irresponsable afirmar que toda la cannabis del mercado ilícito está adulterada.
Lo que sí sabemos es que las nuevas sustancias psicoactivas están evolucionando rápidamente y que existen productos cuya composición puede no corresponder con lo que declara su etiqueta.
Aquí aparece una contradicción evidente: la prohibición no elimina necesariamente la demanda; muchas veces elimina la capacidad de controlar lo que consume una parte de la población.
Regular no significa promover. Significa establecer reglas: saber qué contiene un producto, cuánto THC tiene, qué contaminantes presenta, quién lo produce, cómo se procesa y cómo llega al consumidor. Significa etiquetado, trazabilidad, controles sanitarios y protección para menores. Es pasar de la clandestinidad a la responsabilidad.
México tiene una oportunidad que no debe desperdiciar. En 2021, la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó la prohibición absoluta del consumo lúdico o recreativo de cannabis y THC. Fue un cambio jurídico fundamental, pero el país sigue necesitando un marco regulatorio integral que dé certeza y permita desarrollar una industria formal.
Canadá, Uruguay, Estados Unidos y distintos países europeos han experimentado con modelos diferentes. Ninguno es perfecto. Precisamente por eso México debería aprender de sus aciertos y errores.
Nuestra oportunidad no está solamente en vender cannabis al consumidor.
Está en la cadena de valor: semillas, genética, agricultura, laboratorios, investigación farmacéutica, extracción, cáñamo industrial, fibras, textiles, materiales y productos de alto valor agregado.
También está en el campo mexicano.
México no necesita convertirse en el país que más cannabis consume. Debe aspirar a ser uno de los países que mejor lo regula, investiga, produce y transforma.
Las redes sociales pueden ayudarnos a democratizar el conocimiento, pero también pueden convertir una estadística en una verdad a medias.
Por eso, antes de compartir una cifra deberíamos preguntar: ¿de qué año es?, ¿a quién se encuestó?, ¿qué significa?, ¿es comparable?, ¿cuál es la fuente?
México no necesita más datos virales sobre cannabis. Necesita mejores datos, mejor regulación y mejores decisiones.
El cannabis ya forma parte de una transformación global que involucra salud, agricultura, ciencia, industria, comercio e innovación.
La pregunta ya no es si esta industria llegará a México.
La pregunta es si México estará preparado para participar en ella o seguirá observando cómo otros países construyen el mercado que nosotros tenemos capacidad de desarrollar.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Exclusivas
Experiencias El Universal¿Por qué dejamos de escuchar? Hábitos que pueden dañar tu audición sin que lo notes
Experiencias El Universal“Off The Record” tercera edición: desayuna junto a Carlos Loret de Mola
Experiencias El Universal4 destinos de ecoturismo en Veracruz para conectar con la naturaleza
Experiencias El Universal





