El golf es un deporte extraño. Podemos pasar cuatro horas en el campo y, en realidad, nuestro swing ocupa apenas unos segundos. El resto del tiempo caminamos, esperamos y —sobre todo— pensamos. En el score, el hoyo anterior, el siguiente, el handicap o aquel tiro que no debimos fallar.

Hace poco, conocí un programa de mentalidad que plantea algo especialmente interesante para nosotros, los amateurs: Quizá no siempre necesitamos mejorar nuestro swing; muchas veces, necesitamos aprender a confiar en él. Todos lo hemos vivido. Hacemos un swing de práctica perfecto, suelto y natural. Ponemos la bola enfrente y aparece el pensamiento: “No la puedo mandar al agua”. De pronto, la tensión llega y hacemos exactamente aquello que queríamos evitar.

La explicación parece sencilla. La duda genera tensión y la tensión provoca que intentemos controlar conscientemente un movimiento que nuestro cuerpo ha repetido cientos de veces. Por eso, existe una diferencia entre training mode y trusting mode. El primero pertenece al campo de práctica, donde corregimos la técnica. El segundo, debe aparecer en el campo: Elegir un golpe y confiar en que nuestro cuerpo sabe ejecutarlo.

El problema aparece cuando un mal golpe nos lleva a buscar una solución técnica inmediata: Mal tiro, duda, cambio de swing, más tensión y otro mal tiro. A veces, no necesitamos otra instrucción, sino menos instrucciones.

También, debemos aprender a soltar el error. Un mal drive no tiene por qué convertirse en doble bogey y un putt fallado no tiene que perseguirnos durante tres hoyos.

No podemos controlar completamente dónde terminará la bola, pero sí nuestra rutina, decisión, respiración y compromiso. La fortaleza mental no consiste en eliminar el miedo, las dudas o los malos golpes. Consiste en evitar que nos controlen. Entrena la técnica, pero cuando llegues al campo, confía en ella.

Andrés Ferrara Jr. Instructor de golf @andresmxgolf

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