No sólo el América es el afectado por el arbitraje; también la Liga MX

Gerardo Velázquez de Léon

Mikel Arriola debería poner un manotazo en la mesa, porque le están ofreciendo arbitrajes chatarra, que nada tienen que ver con la presumible frase “Juega Limpio, Siente tu Liga”

César Ramos se llevó el fin de semana por su pésima labor en el partido más visto del futbol mexicano: América vs. Chivas. Inverosímil que un silbante tenga tan pocos argumentos y tan alta autoestima, porque cae en un exceso de protagonismo. Para Ramos Palazuelos, la perfección del arbitraje está en él, en nadie más. No confía en nada que no sea su vista. Por eso, resulta extraño que Ángel Monroy Bello, árbitro VAR, no le haya mandando un mensaje en su comunicación interna para que fuera a revisar las jugadas que juzgó mal.

Desde no expulsar a Cristian Calderón, a Miguel Ponce y —por supuesto— revisar el zape y la jugada de una posible mano de Jorge Sánchez del América. Sabe todo y a la vez no sabe nada, es un empoderamiento brutal y preocupante, porque se pasa la justicia por el “arco del triunfo”. Trasciende que Ramos fue el operador de Arturo Brizio para acabar con la AMA, la Asociación Mexicana de Árbitros, organismo incómodo en el que sus líderes, Roberto García Orzoco, Paul Delgadillo, Francisco Chacón y José Luis Camargo, ya fueron despedidos y —por ende— el poder absoluto recae en este silbante. Castigado por la Comisión tras aquella final del Apertura 2019, América vs. Monterrey, donde tampoco fue al VAR a revisar una evidente falta sobre Guido Rodríguez, penalti que hubiera podido cambiar la historia.

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Mismo silbante que en la final de ida entre León y América del Apertura 2013, en el estadio del León, no se atrevió a marcar un penalti flagrante de Rafael Márquez sobre Luis Gabriel Rey, que tendría que haber llevado a la expulsión del histórico defensa mexicano. Por lo menos, ahí no había VAR y las injusticias eran constantes. Tampoco es caer en lo que sucedía con el América en la era de Ricardo Peláez, cuando se vetaban silbantes, como reconoció Roberto García en entrevista con Azteca Deportes. Esa inmoralidad debería ser revisada por la propia Liga MX, por la Comisión y —por supuesto— por la Federación Mexicana de Futbol.

No es por ahí, es simplemente que un árbitro que no se ajuste a la modernidad, a las implementaciones tecnológicas para evitar injusticias, no debe ser confiable para ningún equipo, aunque con el América lleva varias. Se evitarían si la soberbia saliera de su política laboral. Claro que el Clásico acaparó la atención, pero también en Monterrey hubo de todo con Óscar Macías, en el Tigres vs. Pumas. Mikel Arriola debería poner un manotazo en la mesa, porque le están ofreciendo arbitrajes chatarra, que nada tienen que ver con la presumible frase “Juega Limpio, Siente tu Liga”. Y, fuera del campo, ¿por qué será que ninguna autoridad, ya sea árbitro o comisario, reporta que el sonido local le sube al volumen, pone música, porras, etc., cada vez que viene el “¡Eeeh, puto!”? Simple, porque la orden de hacerlo viene desde las oficinas de la Liga. Ver para creer.

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