Messi evidencia a los “nuevos ricos”, a los que no tienen identidad

Gerardo Velázquez de Léon

Francia tiene un intruso en su Liga, el PSG, que con sus jefes árabes nada tiene que ver con las estructuras futbolísticas de ese país

Comprar al futbol, sí intentan comprar todo, pero realmente no tienen nada. Compraron una sede de Copa del Mundo, una cadena de televisión para desde ahí hacer sus enjuagues; incluso, intentaron comprar al Real Madrid y al Barcelona, y sólo pudieron con el PSG... El equipo de los nuevos ricos, de los millones sin sentido. Vaya, han comprado hasta la Supercopa de España, llevándola a Arabia Saudita, como si eso les fuera a dar identidad. Pobres nuevos ricos.

Corrupción, intrigas y ahora Messi. Claro, dopaje financiero con el que se han pasado por el arco del triunfo el famoso Fair Play, porque nunca podrá la UEFA castigarlos, debido a que sacarán dinero de una bolsa para meterla a la otra, o lo que quiere decir, harán que el París Saint-Germain tenga más ingresos que egresos; ahí esta la clave para engañar al mundo, para seguir engañándose ellos mismos. Es como hacer trampa en el solitario y festejarlo. Pero ni Messi, Neymar, Ramos, Donnarumma, Icardi, Navas, Marquinhos y Mbappé, les garantizarán ganar algo... Bueno, la Ligue 1, que nada tiene que ver en cuanto a competitividad y emotividad con la Premier, la Bundesliga o hasta LaLiga, pese a la salida del bien amado Leo Messi.

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El Fair Play financiero es una ley creada por la  UEFA (en 2011, con Michel Platini de presidente), en  la que se establece que ningún equipo que participe en competencias europeas puede gastar más de lo que ingresa y que su  masa salarial no puede superar el 70 % de esos ingresos. Es una norma que se va modificando constantemente en cuanto a cantidades, pero que busca que estos nuevos ricos no acaparen a billetazos. 

Los árabes no tienen la culpa; los que se dejan comprar por ellos, sí. El futbol no se nutre de dinero solamente, porque podrán tener un Mundial en Qatar y no habrá futuro futbolístico en ese país. Ya lo mostraron en la Copa Oro, en la que ante el futbol más pobre del mundo no pudieron ganarle a una selección B de Estados Unidos. Su Liga a nadie le importa, sus futbolistas son de muy poco nivel y tienen que mirar a Europa, donde con su dinero quieren comprar todo.

No solamente el PSG, Manchester City, Málaga, Newcastle y Almería tienen inversionistas, dueños árabes. Adquisiciones producto de los petrodólares, de las finanzas más sanas del planeta y que curiosamente la mayoría son de la misma familia, de jeques primos, tíos, hermanos, cuñados, etc. Dominan sus negocios, pero no el futbol.

Francia tiene un intruso en su Liga: el PSG. Nada que ver con las estructuras futbolísticas de ese país, que por cierto ha sido dos veces campeón del mundo y una de las mejores canteras de Europa. Mbappé, quien debe estar harto de sus jefes árabes, salió del Mónaco, no de la capital francesa, y ahora se espera que caiga en Madrid, con lo que es cierto que se aligeraría la masa salarial, pero ya no se podría ver ese tridente ofensivo que por ahora se saborean los seguidores del PSG y muchos otros aficionados al futbol en el mundo.

Messi debió quedarse con el club catalán, pero se rindió al mundo árabe. La presidencia del Barcelona, una calamidad, una pésima gestión. No hay nadie en el mundo del actual futbol más identificado con un equipo que Messi; por eso, hasta gratis hubiera seguido jugando si los planes futuros hubieran sido distintos. El estadio Camp Nou debería cambiarse a Leo Messi, La Masía, deberían llamarse Leo Messi, porque simplemente es lo más destacado de su historia. Sin él, hubieran seguido siendo la sombra del Real Madrid, la jocosidad europea que fueron durante tantas y tantas décadas. 

Messi merecía quedarse, seguir ganando dinero por el Barça, pero en otro esquema. Laporta y antes Bartomeu nunca midieron lo que han perdido. Debió quedarse, jugar y después ser el presidente vitalicio; ser, por decirlo de otra forma,  el Bernabéu de los catalanes. Ahora, la obligación es ganar la Champions; no hay de otra, aunque en el caso del club parisino, ha quedado claro que el dinero puede comprar a todos los jugadores que quieran, que pueden romper al Fair Play financiero y disfrazarlo, pero les falta el toque de calidad para ganar lo que realmente quieren.

@gvlo2008 - [email protected]

 

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