La porquería de los clavados en México

Gerardo Velázquez de Léon

¿Qué es el “control técnico”? Simple, es el “dedazo” trasladado al deporte, al mero estilo político, pero con la diferencia de que harán competir a los clavadistas para, según ellos, determinar quiénes van a los Juegos

Inicia lo que puede convertirse en otra gran farsa de la Federación Mexicana de Natación, organización que —desde que Kiril Todorov la preside— se convirtió en un nido de corrupción y, este fin de semana, no será la excepción. Los clavados, disciplina que —pese a este nefasto directivo— ha dado medallas, tendrá lo que llaman “control técnico” para decidir quiénes son los deportistas que ocupen las plazas olímpicas de México para Tokio 2020.

¿Qué es el “control técnico”? Simple, es el “dedazo” trasladado al deporte, al mero estilo político, pero con la diferencia de que harán competir a los clavadistas para, según ellos, determinar quiénes van a los Juegos. Que se entienda bien, no es un selectivo, porque en un selectivo clasificarían los primeros de cada una de las competencias, sin otro tipo de criterios, como no sucederá ahora, porque hasta pondrán en las supuestas evaluaciones la trayectoria y la disciplina; es decir, quienes han tenido algún roce con directivos de esta federación, ya tendrían puntos menos.

Después de concluida la “competencia”, la federación tendrá en sus manos la decisión de quiénes competirán en Tokio y la darán a conocer 72 horas después de finalizado el “control técnico”; es decir, no necesariamente irán los mejores, sino pueden obtener el pase a Tokio 2020 los amigos de la corrupción y quienes avalan a un presidente ya señalado y perseguido por la justicia mexicana.

A lo largo de la historia de los Juegos Olímpicos, México ha ganado 14 medallas en clavados; por eso, el pastel es tan grande y agradable para cualquier amante de la vida del erario, como lo ha sido Todorov, un personaje sobreprotegido por Ana Gabriela Guevara y los presidentes de las Asociaciones Nacionales de Natación, a quienes se los gana con base en promesas, incentivos o —en otros casos— bajo la amenaza de quitarlos del puesto o no reconocer a su organismo y atletas. Todo, al servicio de unos cuantos, que solamente han sacado provecho personal, cuando su función debería ser la de velar por el bien de sus deportistas.

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Pobres atletas, tan buenos, competitivos y tan solitarios en sus procesos de clasificación a Olímpicos. Porque saben que, pese a dar lo mejor, tener su mejor competencia este fin de semana, ganar e incluso arrasar, no tendrán la garantía de ir a Japón; bueno, mientras sean lamebotas del presidente y su séquito, puede ser, pero no de manera legal y deportiva.

En Indianapolis, a la par de lo sucedido en México, los clavadistas estadounidenses buscan dos plazas por especialidad, y será de manera abierta, transparente, con reglas claras. Los dos primeros lugares, directo a Tokio, sin pasar por el ridículo y corrupto disfraz de “control técnico”, porque —por si fuera poca la porquería que hacen— será a puerta cerrada, sin testigos, sin público, sin medios de comunicación. Aquí, el periodismo es muy incómodo; por eso, el CNAR será una “burbuja” en tiempos de semáforo verde.

¿Y el Comité Olímpico Mexicano? Esta embajada del deporte, que Carlos Padilla Becerra lidera, debe actuar. Si no lo es la Conade, deben ser ellos los que pongan un alto a este atropello a la transparencia, libertad, pero solamente se vuelven comparsas de las decisiones de un federativo al que la Unidad de Inteligencia Financiera y la Fiscalía  General de la República lo tienen bajo proceso de investigación, por corrupto.

@gvlo2008
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