En una Concacaf estancada, México sigue como el gigante entre enanos

Gerardo Velázquez de Léon

La Concacaf no exige nada, sólo quiere ganar dinero. El crecimiento del área le vale tres reverendos pepinos

Regresar al pasado, a lo rústico, a donde la Concacaf no voltea, a donde no existen las carretadas de dinero, como en Estados Unidos. La eliminatoria de la zona cierra su primera ventana de tres partidos y en dos visitas se volvió a vivir lo de siempre: Estadios con mucho sabor futbolero en Costa Rica y Panamá, pero con grandísimas deficiencias, como si el tiempo no pasara en estos escenarios, como si a las federaciones no les importara invertir; claro, bajo el aval de la avaricia de la confederación.

Y eso se vio también en lo futbolístico, porque —por más que un técnico como Thomas Christiansen refresque las ideas de una selección como la panameña— su equipo se cansó, no aguantó el trajín de tres partidos. Se mostraron fatigados y, después de mostrar buenas cosas en el primer tiempo contra México, ese agotamiento los hizo regresar a lo de antes. Aún cuando tenían la ventaja de un gol, terminaron pidiendo la hora para sacar el empate.

Lo cierto es que nadie quiere invertir en el área de la Concacaf. Se nota desde el momento en que amablemente anuncian desde las elegantes oficinas en Estados Unidos de Víctor Montagliani que en la eliminatoria no habrá VAR, porque simplemente hay cinco de ocho países que no cuentan con la infraestructura. Como si fuera un impedimento que ellos invirtieran para jugar el mismo deporte que se practica en todo el mundo, menos aquí. Y vaya que en varios partidos el Video Assistant Referee hubiera servido de gran manera.
 

Además, no exigen nada en relación con los estadios. La Concacaf deja que se juegue en un inmueble sin las condiciones para un partido de Copa del Mundo, porque esta eliminatoria es, que quede claro, ya parte de la Copa del Mundo. En Costa Rica, muy buena la infraestructura, pero sus comunicaciones pésimas, como si usar internet fuera un lujo. Rogar por una clave para que la velocidad no pase de un mega. En Panamá, mucho peor, porque la intermitencia de la red hizo que reporteros, fotógrafos y hasta el público, estuvieran incomunicados con el resto del mundo. La Concacaf no exige nada, sólo quiere ganar dinero. El crecimiento del área le vale tres reverendos pepinos.

Canchas en pésimo estado; incluso, el presidente de la Federación Panameña lo reconoció en una conferencia de prensa, donde además mostró su altísima ignorancia y hasta una actitud racista. Manuel Arias, dicharachero y simpático, se atrevió a decir que “México juega con 10 mexicanos y un argentino”, refiriéndose a Rogelio Funes Mori de manera despectiva. De verdad, ¿nadie en Concacaf vio eso?, ¿se puede permitir este tipo de declaraciones?
 

Y así transcurrieron los tres primeros partidos, sosos, con la Concacaf estancada en nivel futbolístico, por más que quieran vender que en el futbol “se han recortado las distancias”, y estancada en infraestructura, porque por más millones que genera, simple y sencillamente no le quieren invertir y eso seguirá —al parecer— toda la vida, ya que en su pensamiento primero es ganar ellos y después, si se necesita maquillar algo, de repente hacer alguna obra sin un real plan de desarrollo.

@gvlo2008
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