El Mundial de los cambios y choques culturales

Gerardo Velázquez de Léon

Para los organizadores, es parte de su economía y tratan de darle validez a una proyecto que la FIFA avaló, pero que está lejano, en las tribunas, de ser el deporte pasional que lo es en el resto del mundo

El Gobierno de Qatar deberá hacer algo trascendente si quiere tener éxito en el Mundial del próximo año. Cuentan con toda la infraestructura deportiva; de hecho, ayer se inauguró el estadio Al Bayt, moderno, funcional, arquitectónicamente perfecto, pero el ambiente e involucramiento del público fue nulo. Más de 50 mil aficionados, cuya mayoría parecía más preocupada por tomarse una selfie, comer una malísima hamburguesa o presumir en sus redes sociales, que realmente ver el partido a detalle entre Qatar y Bahrein.

Están lejos de ser aficionados al futbol como los que históricamente se conocen en Argentina, Inglaterra, Alemania o México. Para algunos, el Mundial es una moda, y por eso van al estadio. Para los organizadores, es parte de su economía y tratan de darle validez a una proyecto que la FIFA avaló, pero que está lejano, en las tribunas, de ser el deporte pasional que lo es en el resto del mundo. Se vive de manera distinta, y ese choque cultural es algo a considerar.

Qatar se empeña en jugar futbol. Su entrenador proviene de España, Félix Sánchez, quien trata de darle sentido imponiendo un sistema de juego para que sus futbolistas lo asimilen. Ya llevan tiempo juntos, participando en torneos fuera de Asia, en eliminatoria europea como invitados, en la Copa Oro, en la  que llegaron a semifinales. El problema no es la selección qatarí, es el público, porque no sabe —en la mayoría de los casos— qué ve en el campo de juego.
 

Un Mundial sin alcohol o con absoluto control del mismo es lo que se espera en el próximo año. Ha surgido información de que, en los últimos meses, se ha generado una venta excesiva en la tienda que comercia alcohol, por parte de quienes tienen el permiso para comprar, que no son muchos en el país, y han invertido en botellas y botellas de whisky, ron, tequila, vodka, con el objetivo de revenderlo a turistas durante el torneo.

Lo tétrico de la historia es que, si son sorprendidos por las autoridades, tanto el vendedor como el comprador serán castigados, incluso pudiendo caer en la cárcel. Y aunque parezca un problema minúsculo, la prohibición de vender alcohol es un verdadero galimatías para la FIFA y vendedores de paquetes de viaje para el Mundial. Insisten en que todo quedará listo y que durante noviembre y diciembre de 2022 habrá venta; de hecho, en este momento la hay solamente en hoteles, y con muchas restricciones.

En la Embajada de México en Qatar están en constante comunicación con el Comité Organizador; obviamente, con las autoridades del país, así como también con la Femexfut, trabajando en la información que publicarán como recomendaciones para los más de 60 mil mexicanos que —se espera— acudan a Qatar, tanto los que viven en México como los de Estados Unidos.

Hay mucho de por medio; por ejemplo, si alguien bebe una copa y tiene un accidente automovilístico, por menor que sea, será culpable y sancionado con una pena severa, aunque el conductor no tenga la culpa. Además, la presión de todo el mundo árabe hará que las cosas no sean fáciles. No es un tema sencillo y no solamente y es decir que se levantarán restricciones, tal y como sucedió en Rusia. Para el primer Mundial en el entorno árabe, hay mucho por considerar y no son cosas menores.

@gvlo2008
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