El implacable América que genera envidia

Gerardo Velázquez de Léon

Puede ser que este América no sea espectacular, pero ha evolucionado a un equipo ganador, que domina lo que hace en el terreno de juego

Santiago Solari no es un técnico de moda. Quien diga esa estupidez, no tiene ni remota idea de lo que significa dentro del futbol profesional. Es un entrenador preparado, que —en lo que se refiere a lo estrictamente futbolístico (lejos de su desafortunado episodio de exquisitez de lenguaje en una conferencia)— ha demostrado tener la capacidad de gestionar y sacar lo mejor de una plantilla que, para la exigencia del americanismo, no es la que desearía tener, pero a la que —para la realidad del club— este hombre le ha sacado mucho provecho. Y puede ser que este América no sea espectacular, pero ha evolucionado a un equipo ganador, que domina lo que hace en el terreno de juego, que recula cuando debe hacerlo y que, además, se ha convertido en uno de los favoritos para el título en el Apertura 2021, sin olvidar la Concachampions.

Hoy, el americanismo vive de la efectividad que el equipo ha alcanzado con Solari, quien desde el anuncio de su contratación ha dirigido en Liga 27 partidos (se incluye el de la Jornada 1 del Guardianes 2021 frente a San Luis, ya que aunque no estuvo en la banca por visado, ya había trabajado con el equipo, y el de la Jornada 6 del presente torneo contra Tijuana, en el que no estuvo por cuestiones de salud), de los cuales ha ganado 19, empatado cuatro y perdido cuatro —uno de esos el 3-0 por reglamento por el terrible error administrativo en el Jalisco ante Atlas—. Ha sumado 61 puntos. Es el equipo que más unidades ha hecho en la Liga MX en el presente año y el mejor con el América en dicha cantidad de encuentros dirigidos.

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Además, ha clasificado al equipo a la final de la Concachampions con autoridad, con cuatro victorias, un empate y una derrota, en seis partidos disputados. Este América es implacable y eso le duele al resto de los aficionados de los equipos del futbol mexicano, que alegan a la fácil: “Gana, pero juega feo”, lo cual no es del todo cierto. Porque no es lo mismo no meter tres o cuatro goles por partido, en juegos de ida y vuelta, a trabajar los encuentros de buena manera y llevarlos por el camino que se desea. Lo que hace el América de Solari no es jugar feo, es ser efectivo, y puede ser que a buena parte del americanismo le cueste trabajo aceptar lo que sucede, añorando “partidos” de otras eras y otros entrenadores, pero, hoy por hoy, lo que hace el argentino es encaminarlos a uno o dos títulos.

Si Solari aprendió de lo que le ocurrió el torneo anterior en la Liguilla contra el Pachuca, este América tendría ese mismo 75 % de posibilidad de llevarse el título de este Apertura. De ese tamaño es el control que tiene el equipo de lo que pretende su director técnico, quien ha entendido rápido lo que pocos —si acaso por ahora también lo ha hecho Ariel Holan con el León—: Jugar y ganar llevando al material humano con el que se cuenta a su mejor versión, sin inventar, sin exagerar y con mucho sentido, sentido que le da ese calificativo de implacable, además de su alta efectividad.

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