La relación entre México y los Estados Unidos se encuentra en un momento particularmente tenso.
En tan sólo 3 semanas hemos registrado cómo el gobierno estadounidense ha acusado a varios políticos y funcionarios del oficialismo de coludirse con el Cártel de Sinaloa -que fue designada por esa misma administración como terroristas-, al tiempo que el presidente Trump ha declarado que nuestro país no hace lo suficiente para combatir a la criminalidad organizada, que nuestra política de fronteras abiertas es “una estupidez, creada por personas estúpidas”, que México se encuentra controlado por el narco y que si nuestras autoridades no hacen, no quieren o no logran reducir la capacidad de los narcoterroristas, su gobierno actuará directamente.
Si bien dichas críticas y amenazas han sido repetidas por mucho tiempo, parece que todo se acrecentó tras el accidente vial que provocó la muerte de agentes de la CIA en Chihuahua, que supuestamente actuaron con las autoridades locales en contra del narco.
Mientras que del lado mexicano se reclama a nuestros vecinos del norte por operar en suelo nacional sin autorización federal y que ello implica una violación a la soberanía nacional -dicho sea de paso, el caso es usado para atacar a la gobernadora de oposición Maru Campos-, del lado de los EEUU se lamenta la poca empatía por la muerte de los agentes y la falta de reconocimiento por el resultado de haber desmantelado un mega laboratorio de fentanilo.
Por si ello no fuese suficiente, la semana pasada el gobierno de Trump publicó la Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026-2030, un documento que enmarca los ejes y prioridades para reducir el tráfico, la venta y consumo de narcóticos, en particular del fentanilo.
Es el primer instrumento que incorpora de forma explícita la designación de los cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas
Extranjeras (Foreign Terrorist Organizations, FTO).
Incluye una “campaña mundial contra las amenazas de la delincuencia transnacional y las organizaciones terroristas extranjeras”, en la que se advierte que a los involucrados en conspirar, financiar o coludirse para traficar drogas, les aplican las herramientas legales que permiten perseguirles como terroristas.
Si bien el documento no lo dice explícitamente, bajo tal argumento el presidente Trump podría autorizar operativos y ataques en suelo extranjero sin la autorización de su Congreso, es decir, podría cumplir su amenaza de ir tras los cárteles designados como terroristas en territorio mexicano.
En el documento, de aproximadamente 200 páginas, el país que más se cita es México, país que se identifica como clave en la producción y tránsito de drogas sintéticas.
Para los EEUU, México debe mostrar más detenciones, más extradiciones y el total desmantelamiento de los laboratorios que producen fentanilo y metanfetaminas.
Expresa que la colaboración en seguridad será proporcional a los resultados que las contrapartes muestren.
También incluye una iniciativa para frenar el tráfico de armas y una campaña para reducir el consumo de narcóticos en su país.
Entonces ¿Estados Unidos tendrá operativos en México? Sinceramente creo que seguirá operando tal y como lo ha hecho, encubiertos y/o acompañados de las autoridades mexicanas.
Es cierto que la situación actual del presidente Trump -la caída en su popularidad, los efectos negativos y la falta de resultados en la guerra con Irán, entre otros malestares en su política interior- es crítica de cara a las elecciones de medio término.
Si no logra recuperar la confianza del electorado, podría perder el control de las cámaras -y con ello incluso enfrentarse a un impeachment-.
Ello podría ser un fuerte incentivo para intervenir en México y mostrar algunos duros golpes en contra de los narcoterroristas -incluidos aquellos políticos mexicanos coludidos-.
Aún así, lo dudo. México es un aliado sumamente importante para EEUU, tanto en lo económico-comercial, cuanto en su seguridad interior.
Ir abiertamente en contra de los tratados, atacar a un grupo delictivo en suelo mexicano, de manera unilateral, podría costarle a los EEUU muy caro.
Sin embargo, también queda claro que Donald Trump es un hombre imprevisible, capaz de correr grandes riesgos con tal de lograr su objetivo.
En todo caso, no ayuda la defensa que hace la presidenta de los 10 acusados por los EEUU por vínculos con el Cártel de Sinaloa y los subsecuentes retrasos de la Fiscalía General de la República por investigar el tema.
Tampoco ayuda la aparente ausencia de investigaciones en México en contra de las redes de corrupción que desde los gobiernos de nuestro país se tejen para permitir el trasiego de drogas hacia nuestro vecino del norte.
Si bien es cierto que el gobierno de la presidenta Sheinbaum ha mostrado mucha más responsabilidad en combatir a los delincuentes, respecto a la política de su antecesor, los resultados aún son incipientes.
Es innegable que la delincuencia organizada, controla grandes porciones del territorio nacional.
México debe lograr mayores avances en combatir la criminalidad organizada, sí para evitar represalias y posibles intervenciones en nuestro territorio por parte del gobierno de los Estados Unidos, pero sobre todo, para salvar la vida y el bienestar de millones de mexicanos.

