Faltan pocas semanas para el arranque del espectáculo deportivo más relevante, el Mundial de Fútbol.

De manera inédita, se llevará a cabo en 3 países: México, Canadá y Estados Unidos. En México las sedes mundialistas serán las principales urbes nacionales, la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Es por ello que la prensa internacional, las representaciones diplomáticas en nuestro país, los gobiernos extranjeros, han puesto una atención particular a los hechos delictivos y la violencia social que aquí ocurre.

Particularmente si recordamos que México es un país con altas tasas de homicidios, desapariciones de personas, extorsiones, secuestros y robos; que en la Ciudad de México hay una alta concentración de robos a transeúnte y en el transporte público; que en Jalisco nace el grupo delictivo más violento del país -y probablemente el más relevante del mundo- que en Monterrey hay un problema relevante de extorsiones y que en muchos de los principales destinos turísticos de playa, hay una clara presencia de delincuencia organizada.

Además, el reciente atentado ocurrido en la zona arqueológica de Teotihuacán -donde una ciudadana canadiense fue privada de la vida y otros 13 turistas extranjeros fueron heridos-, aumentó la preocupación de qué tan seguros están los turistas en México.

¿Qué dice la autoridad acerca de la seguridad en nuestro país, es seguro para los turistas venir al mundial? Según nuestros gobernantes, las cosas van bien, los delitos van a la baja, los turistas estarán protegidos, dado que hay un plan para prevenir cualquier problema de seguridad.

¿Qué dice la estadística oficial? Que México es un país con un grave problema de incidencia delictiva y violencia.

Según los datos que el mismo gobierno publica, diariamente se registran 52 víctimas de homicidio doloso; 30 de desaparición de personas; 34 de otros delitos que atentan contra la vida; 49 de homicidio culposo; 465 de lesiones dolosas; 2 de secuestro; 27 de otros delitos que atentan contra la libertad; 28 de extorsión; 400 de robo con violencia; 291 de robo de vehículo; 92 de robo a casa habitación; 193 de robo a negocio; 197 de robo a transeúnte; 62 de robo en transporte público; 54 de violación; 4 de trata de personas.

Es decir, en México cada semana se registran muchos más delitos de los que ocurren en los países europeos en un año -pese a que en México la cifra negra es del 94% mientras que en dichos países ronda el 60%-.

Sin embargo, es importante esclarecer que esa violencia que día a día aquí ocurre, rara vez afecta a los turistas. Tanto la estadística oficial como la información que las mismas embajadas recopilan, en México los turistas que respetan las reglas, que no abusan de sustancias o alcohol, que evitan actividades ilícitas y que tienen un normal autocuidado, estén seguros.

Es decir, si un turista evita visitar giros negros -donde opera la delincuencia organizada-, cuando ingiere bebidas alcohólicas lo hace en un contexto controlado -evita tomar en la calle o estar intoxicado en lugares públicos-; se abstiene de consumir sustancias prohibidas; mantiene un perfil bajo -es decir no muestra que tiene mucho efectivo ni usa objetos de alto valor como relojes o joyas- y preferentemente viaja acompañado, difícilmente tendrá un problema de seguridad.

En pocas palabras, si un turista mantiene una conducta mesurada y cuidadosa, tendrá una vacación tranquila tal y como ocurriría si visitase destinos como Miami, París o Roma.

Ello, porque la violencia que se vive en México ocurre en 3 grandes categorías: (1) la relacionada con la actividad de los grupos de delincuencia organizada; (2) la común y (3) la social.

La primera principalmente está dirigida en contra de los integrantes de grupos adversarios por ajuste de cuentas y control territorial; también se dirige en contra de los representantes del Estado -policías, fiscales, funcionarios, autoridades electas- y en contra de víctimas específicas como son los empresarios o algunas comunidades. Dicha violencia busca infundir miedo para mantener el control de territorio y poblaciones.

La segunda es la que se vive día a día en las calles y actividades comerciales de todo el país. Ésta rara vez se transforma en fatalidades y es la que afecta el patrimonio de las personas.

Aquí también se incluyen las extorsiones telefónicas y los fraudes, delitos que si bien generan miedo en la sociedad, no suelen poner en riesgo la vida y/o integridad de las personas.

La tercera, la violencia social, está relacionada con el deterioro de las relaciones interpersonales, el pobre control de impulsos y la baja tolerancia a la frustración. Aquí encontramos las rencillas entre vecinos, los conflictos en el tráfico, la violencia familiar, los abusos y violencia sexual.

Negar que México es un país con problemas de incidencia, delictiva, inseguridad y violencia, es un error. Si bien es cierto que los turistas están medianamente protegidos, México está lejos de ser un país seguro.

Si de verdad, queremos dejar de ser uno de los países más violentos del mundo, nuestros gobernantes deben ser transparentes, rendir cuentas, atender a las víctimas, planear y evaluar las políticas públicas, construir instituciones, impulsar una sociedad civil proactiva, invertir en las capacidades de los servidores públicos y combatir la corrupción.

Un país seguro se construye con trabajo, no con narrativa.

A pocas semanas de arranque del mundial de fútbol, sería oportuno que el Gobierno Federal y las autoridades locales consideren programas de información clara y específica para que los visitantes no sean víctimas de delitos o violencia.

Ante el interés manifiesto de las autoridades mexicanas por hacer del nuestro, un país con Estado de Derecho, el combate, delitos y violencia debe trascender este momento en que el mundo voltea a ver a Mexico, se debe hacer de la mano de todos los mexicanos, sin politiquerías ni intereses ocultos.

Comentarios