Compré, de un día para otro, boleto de avión a España. Me autoconvencí de que la ocasión lo ameritaba: El festejo de los 30 años de carrera de mis amigos de La Habitación Roja, en concierto con la Orquesta de Valencia; allá, en el Palau de la Música.
Hace 23 años, cuando incursioné en la industria musical, edité en México dos de sus primeros discos, y nos volvimos cercanos.
El momento para viajar no era el más oportuno, pero muchas veces no se trata de esperar lo oportuno, sino de subirse a las oportunidades, en especial a esas que te despiertan el deseo de cometer una insensatez.
A mitad del viaje, me sentí contrariado por haberme ido, pero el destino —que nunca deja de desplegarme mensajes en los momentos propicios— me tenía preparada una más de sus señales dentro del baño del restaurante donde aquella tarde de cuestionamientos me metí a comer.
“Siéntete el rey del mambo. Ser el puto amo es cuestión de sentirse EL PUTO AMO”, ponía así —en mayúsculas— el cartel que colgaba encima del escusado.
Sin duda, yo estaba en el lugar indicado.
Cuando salí del baño, le pregunté al chef quién había escrito lo del puto amo. Con un orgullo medio ruborizado, me confesó que su mujer, y entonces comprendí que aquel letrero estaba ahí especialmente como un recordatorio para ese cocinero emprendedor, porque todos, para ganarnos la vida y no dejarnos vencer, a veces nos tenemos que forzar a sentirnos los putos amos.
Mi motivación y certeza creció aún más la noche del concierto, cuando pude vislumbrar en mis amigos de La Habitación esa actitud del rey del mambo en semejante recinto musical. Unos románticos empedernidos y excelsos que durante tres décadas han logrado vivir del rock y de sus creaciones.
Antes de regresar a México, paré dos días en Madrid, y el martes —mientras corría en el Parque del Retiro— a lo lejos alcancé a ver a un par de andarines con ese mismo estilo inconfundible de los putos amos. Yo, de niño, soñaba con representar a México en caminata en los Juegos Olímpicos, y quise preguntarles si eran profesionales.
Estaba junto a César Córdova y Carlos Mercenario; mexicanos, medallistas de oro y plata respectivamente en Juegos Panamericanos, quienes entrenaban para el Gran Premio de Marcha de Madrid que se llevará a cabo este fin de semana, en plena Gran Vía.
“No los interrumpo más, pero acuérdense que ustedes son los putos amos; siéntanlo y rompan madres”, me despedí, y me miraron un poco extrañados.
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