La última semana se ha distinguido por los desatinos, conatos y rectificaciones que contextualizan a la política mexicana.

En primer lugar, desde la Presidencia de la República se afirma que las peticiones de colaboración norteamericanas son injerencistas e intervencionistas. Hoy, eso todavía no es cierto pero lamentablemente amenaza serlo. En efecto, que un gobierno extranjero le pida a otro su cooperación para poder juzgar a alguien por supuestos delitos cometidos en el territorio de quien lo solicita, por sí mismo, no es atentatorio para la soberanía del Estado requerido. Es cierto que debe abrirse un procedimiento en el que se verifiquen pruebas, fundamentalmente de que se persiguen hechos calificados por delitos en ambos territorios y, que existen condiciones para que el requerido sea juzgado con imparcialidad. Para el primer requisito se requieren indicios serios de los hechos materia de la acusación y, para el segundo, existe la presunción de imparcialidad e institucionalidad salvo prueba plena en contrario. Ambas condiciones son equivalentes para ambos gobiernos.

También es cierto que, si se trata de delitos continuos cuya ejecución comienza en un Estado y se consume en otro, ambos gobiernos son competentes para juzgar a los acusados. El problema se torna evidentemente político cuando ambos gobiernos se descalifican mutuamente para poder perseguir y juzgar estos hechos con integridad y respeto a los imputados y a las víctimas. Por una parte, hoy se dice que las acusaciones contra funcionarios emanados de las filas de Morena, son el resultado de una conspiración internacional. Se responsabiliza a la ultraderecha norteamericana. Se sataniza a sujetos ambiguos y difusos como causantes del escándalo. Se evita identificar a interlocutores precisos para regular la intensidad del conflicto

Por otra parte, el presidente Trump, su Secretario de Guerra, el de Seguridad Interior y el de Estado, son consistentes en señalar que la debilidad institucional del gobierno mexicano no garantiza ni voluntad política, ni capacidad material para abatir a las organizaciones criminales que operan en México. Dicho discurso ignora injustamente que las instituciones de seguridad mexicanas han fortalecido paulatinamente su capacidad para confrontar a los criminales. Es cierto que hay una baja en los homicidios y también lo es, que van cayendo las cabezas más visibles de las organizaciones criminales.

El cuestionamiento central hoy se dirige al combate a la corrupción política. Las pruebas que existen y las que vienen, fundamentalmente se relacionan con los contactos entre servidores públicos y líderes mafiosos. Se vuelve a asomar al discurso público y al análisis político, esta noción de que la corrupción en México tiene un carácter estructural. Se acusa a Morena de narcopolítica. Morena revira y acusa a Acción Nacional de entreguista con los norteamericanos. Los términos de ese debate satanizan a narcotraficantes y a agentes extranjeros por igual. Tan atroz equivalencia se acentúa cuando el Ministerio Público llama a comparecer a la gobernadora de Chihuahua, sin ningún fundamento serio o lógico. Imaginen ustedes que frente a todas las denuncias e investigaciones que circulan sobre corrupción política en los últimos años, tenga que comparecer la presidenta Sheinbaum a rendir testimonio. La colaboración entre los altos mandos políticos del país se hace mediante informes escritos, que garanticen el trato respetuoso entre las partes. Todo lo demás es faramalla.

Existe incertidumbre sobre el rumbo que tomarán en los próximos meses las relaciones entre México y Estados Unidos. Pase lo que pase, Trump tendrá una capacidad de decisión indeclinable en la política exterior norteamericana. Su carácter impredecible abre demasiados frentes y escenarios. Todo va a influir de manera relativa en los acontecimientos por venir. La salida de la guerra de Irán, las elecciones intermedias en México y en Estados Unidos, la evolución de las crisis cubana y venezolana y la negociación de los tratados comerciales. La presente crispación no debiera sostenerse. Pero quién sabe, en este mundo donde la volatilidad es la nueva norma, todo puede suceder.

Abogado

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