La historia ofrece ejemplos de naciones que han sucumbido porque no supieron resolver a tiempo la gran misión de asegurar su independencia intelectual, económica y política, estableciendo manufacturas propias y un vigoroso estamento industrial y mercantil” (Federico List, 1841 [1942], Sistema Nacional de Economía Política, FCE, México: p. 49).

El atractivo de la heterodoxia en innúmeras tareas de la especie humana -especialmente en la economía-, en una medida que resulta difícil de exagerar, proviene del desencanto y la previsibilidad de la ortodoxia, cuando no de las paradojas que le conducen al absurdo: “Cuando cursaba mis estudios de posgrado en la década de los 80, existía una jerarquía muy clara dentro de la economía según la cual, cuanto menos conectado con la realidad estuvieras, más inteligente se te consideraba. Si eras inteligente, te dedicabas a la modelación matemática: cuanto más abstracta, mejor” (Ha-Joon Chang, 20/06/2026, https: //sinpermiso.info/textos: p. 2).

Otro tanto, en demérito de la ortodoxia y como derivada de su desapego de la realidad, es su fecunda producción de fracasos cuando se le pretende aplicar a los hechos terrenales. Su inextirpable carencia de utilidad que crece en relación directa a sus pretensiones de convertirse en ciencia, exacta por añadidura, también decepciona a cualquier ser pensante. Decía Mark Twain (cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens): “Cuando lo único que tienes es un martillo, todos los problemas comienzan a parecer clavos” (Citado en Erik Reinert, 2007, La globalización de la pobreza. Cómo se enriquecieron los países ricos… y por qué los países pobres siguen siendo pobres, Crítica, Barcelona: p. 44). La Teoría Cuantitativa de la Moneda (TQM), en calidad de exclusiva explicación de la inflación, es un buen ejemplo de estas complicaciones.

La ortodoxia es ahistórica, se encuentra despojada de contexto y, como Goya presagiaba durante el sueño de la razón, también produce monstruos. El llamado agente económico representativo, destaca por su monstruosidad: es egoísta, codicioso, dueño de intereses excluyentes y cortoplacistas, maximizador de utilidad, poseedor de información completa y racionalidad ilimitada, y es, también… inexistente. Este pecadillo ortodoxo deriva de haber optado por el individualismo metodológico que despoja de cualquier sociabilidad, ética o de clase, a su inútil agente. Frente a todos sus problemas, el mayor que la ortodoxia obsequia a la inteligencia humana, es su dominancia en el ámbito académico de la disciplina economía.

Esta dominancia, solo justificada en la imposición de los intereses sobre las pasiones (Hirschman dixit), en la que se fundó la emergencia burguesa y la del propio capitalismo, hoy se trasmina hasta el propio diseño de la política económica y social, incluso en gobiernos progresistas que se dejan seducir por el canto de las sirenas del libre comercio y de la inversión extranjera, como caminos al desarrollo.

La heterodoxia realmente amenazante para la ortodoxia, es la que navega en la construcción de posibilidades dentro del capitalismo y no la que imagina su revolucionaria destrucción. En esencia, la idea de que lo nuevo surge de lo antiguo en una proporción mucho mayor que la que se le asigna generalmente, no es otra cosa que la relevante reforma ocupando un espacio histórico considerablemente más significativo que el correspondiente a la revolución.

Si buscamos, por ejemplo, el “espíritu del capitalismo” a lo largo de la historia, encontramos que ya existía entre los comerciantes de los siglos XIV y XV; es decir, antes del surgimiento de la ética protestante, sobreestimada por Max Weber en la emergencia de tal espíritu; sin embargo, esta aprobación se encontraba en la escala medieval de valores por debajo, por ejemplo, de la búsqueda de poder: Con cierta antelación, el mismísimo “san Agustín había aportado directrices básicas del pensamiento medieval denunciando el deseo del dinero y posesiones como uno de los tres pecados principales del Hombre Caído; el deseo de poder (libido dominandi) y el deseo sexual eran los otros dos. En conjunto, san Agustín condena por igual estos tres impulsos o pasiones del hombre. Si admite circunstancias atenuantes para alguno de ellos se tratará de la libido dominandi combinada con un fuerte deseo de alabanza y gloria” (Albert O. Hirschman, citado en José Woldenberg, 2014, Albert O. Hirschman. Más allá de la economía. Antología de ensayos, Colección Popular # 667, FCE, México: p. 199).

La heterodoxia a la que nos adherimos es aquella que resulta de grandes transformaciones dentro del orden económico establecido, que lo han reformado radicalmente: “… los gobiernos llevan mucho tiempo desempeñando un papel fundamental. Esto se remonta al menos a los mercantilistas de los siglos XVII y XVIII. A finales del siglo XVIII y en el XIX, Alexander Hamilton y el economista alemán Fiedrich List abogaron por la protección de la industria naciente. List ejerció una gran influencia en el pensamiento alemán del siglo XIX, mientras que Hamilton fue la fuerza intelectual de Estados Unidos, la economía de convergencia más importante del siglo XIX” (Martin Wolf, 2023, La crisis del capitalismo democrático. Por qué el matrimonio entre democracia y capitalismo se está diluyendo y qué debemos hacer para solucionarlo, Ariel, México: p. 295).

Tanto el Teorema de las ventajas comparadas, de David Ricardo que propone la especialización productiva y exportadora de aquello que se obtenga con mayor eficiencia o con menos ineficiencia; como el modelo Heckscher-Ohlin que indica que un país debe producir, y exportar, los bienes resultantes de la dotación de factores de la que disponga (Krugman & Obstfeld,1999: pp. 14-18 y 65-67), escuelas clásica y neoclásica, respectivamente, que se ven imposibilitadas de explicar -es un muy relevante ejemplo- el carácter industrial de los Estados Unidos, desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando ambas aportaciones le condenaban a una producción agropecuaria por la disponibilidad de tierra y, en menor proporción, trabajo.

Hamilton, Malthus, List, Keynes, Hirschman, Chang y Mazzucato nos ofrecen un robusto cuerpo teórico heterodoxo con el que, en las próximas entregas, analizaremos el potencial y la viabilidad del Plan México, columna vertebral del actual Plan Nacional de Desarrollo. Será un peculiar recorrido.

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