Hasta enero de este año, todo indicaba ( https://bit.ly/2wlo4ln ) que Donald Trump se reelegiría como Presidente de los Estados Unidos en los comicios de noviembre de 2020. Días después, el planeta se vería azotado por una nueva cepa de coronavirus y desde entonces nada sería igual. En particular, algunos analistas ven al virus como el rival más formidable de Donald Trump, al poner en riesgo sus aspiraciones por estar cuatro años más en la Casa Blanca. A este argumento habría que añadirle la selección de Joe Biden como muy probable candidato por el Partido Demócrata.

No obstante, a riesgo de que lo siguiente suene contraintuitivo, hay elementos de juicio para mantener que Donald Trump resultará reelecto en los próximos comicios presidenciales. Desde luego, en este escenario confluyen variables de carácter doméstico que así lo sugieren. Sin embargo, a continuación quisiera mencionar algunos factores de índole internacional que se han hecho todavía más evidentes con la pandemia de COVID-19.

Primero, es necesario decir que al Presidente Trump le favorece el reloj de la historia. Me refiero a aquellas dinámicas que, a la luz de la última década, se han convertido en macrotendencias de un sistema internacional que atraviesa por un severo proceso de fragmentación y reconfiguración en sus estructuras. Concretamente, la pandemia ha acelerado la disrupción del orden internacional liberal. Este fenómeno, que acertadamente identificara el historiador John Bew hace un par de años ( https://bit.ly/2VaZeUx ), está caracterizado por el regreso de los Estados-nación sólidos, aunque con rasgos y tentaciones autoritarias. Por lo anterior, es insuficiente decir que el coronavirus está empoderando a dictadores, ( https://bit.ly/2XDYQji ) o que por la pandemia modelos y/o prácticas antidemocráticas han ganado mayor tracción en países con tradición liberal.

Vinculado con esto, el coronavirus ha ocasionado una de las peores crisis de salud pública en Estados Unidos. Resultaría de segundo orden determinar si la respuesta gubernamental fue burda e ineficaz. Lo importante es que, así como en otros países, la crisis sanitaria será interpretada como una falla estructural del sistema de salud estadounidense que trasciende a la administración Trump. De modo que las preguntas que hagan más ruido en la mente del votante serán cómo se llegó a esta crisis y qué hacer con sus servicios de salud. Es aquí donde una narrativa del GOP explotará, por ejemplo, los inconvenientes de que Estados Unidos dependa de los suministros médicos y medicinas provenientes de China –país con quien, como lo ha hecho más claro la pandemia, se encamina cada vez más hacia una trampa de Tucídides. ( https://bit.ly/2RIXFvb )

De lo anterior se desprende que la pandemia recrudecerá el malestar estadounidense en la globalización. La crisis sanitaria ha expuesto la debilidad de las cadenas de suministro a nivel global, lo que conllevará a que el discurso político contenga proclamas a favor del proteccionismo comercial, mismas que ya le antecedían al virus. Conceptos como soberanía alimentaria, producción nacional, consumo local y el retorno de empresas a Estados Unidos adquirirán todavía mayor tracción en el electorado. El “Keep America Great” y el nacionalismo exacerbado en el discurso de Trump resonará con mayor fuerza en la sociedad estadounidense, especialmente en las bases conservadores y movimientos de extrema derecha. No se podría dejar de mencionar lo atractivo que sonará el endurecimiento de políticas migratorias que con la pandemia fueron justificadas, aunque no tengan que ver con la contención efectiva del coronavirus. Una creciente desconfianza hacia los organismos multilaterales es otra ramificación del COVID-19.

En el otro lado del espectro político se encuentra Joe Biden, un liberal tradicional que básicamente representa todo lo que hoy está en tela de juicio por el electorado estadounidense –más presuntos casos de corrupción con actores internacionales en los que se ha visto relacionado. En este sentido, el candidato demócrata batallará para ser un candidato verdaderamente competitivo.

Si bien la pandemia de COVID-19 ha ocasionado un momento de ruptura en el sistema internacional, ésta viene revestida de continuidades de orden político, económico, comercial y social que le anteceden. Es en este ambiente geopolítico global en el que se dará la elección presidencial en Estados Unidos, y en el que Donald Trump conseguiría la reelección. Así el reloj de la historia con –o sin– el coronavirus.

Consultor

Google News

TEMAS RELACIONADOS